1 de octubre de 2008

Déficit de socialización por habilidades sociales

Guadalupe León Chávez** y Juana J. Ruiz Cruz***

Introducción
La escuela como institución, ha sido objeto de constantes estudios sobre la calidad de la enseñanza, el nivel educativo, los recursos destinados a ella, su papel dentro de la sociedad, la función que debe o debiera desempeñar, los métodos de enseñanza, los recursos didácticos, etc. Múltiples problemáticas que se dan dentro de ella han sido centro de variadas discusiones, críticas, investigaciones y estudios, sin embargo se deja un poco de lado lo que se conoce sobre las situaciones que influyen y pueden afectar el desarrollo de los alumnos dentro del contexto escolar.

Por lo general cuando hablamos de los alumnos y el contexto escolar, nuestra atención se dirige hacia el aspecto académico principalmente, dejando de lado que existen otros aspectos que de igual manera son importantes y que requieren de la misma atención por parte de los padres y maestros.

El desconocer las funciones de la escuela lleva a una incorrecta noción de los objetivos que se deben cumplir al interior de ésta, la escuela no sólo tiene una función académica, su función abarca mucho más que eso, ya que es formativa lo que quiere decir que le debe proporcionar al alumno los elementos y las herramientas que le permitan desenvolverse en diversos ámbitos con éxito.

Es preciso entonces, conocer más a fondo todo lo que implica una formación escolar y saber cuales son los aspectos que probablemente se estén descuidando y que puedan incluso ser los principales generadores de conflictos al interior de un grupo escolar o de la institución completa, ya que en ocasiones la falta de información nos impide ver la importancia que tienen ciertos aspectos que a simple vista pudieran parecer insignificantes a los ojos de los demás.

Conocer de lleno los problemas y conflictos a los que se enfrenta un alumno durante su vida escolar, nos abre el panorama y nos permite entender el por qué de las actitudes de algunos de ellos, también nos da oportunidad de conocerlos más a fondo y de poder ayudarles a solucionar sus conflictos.

Una de las dificultades a las que se enfrentan algunos alumnos en los diferentes niveles educativos y que es el tema de este trabajo, es a la dificultad para poderse integrar a su grupo social, lo que les provoca una serie de conflictos tanto internos, como externos, además de traerle consecuencias de nos ser superado el problema a tiempo y de forma satisfactoria.

Lo que se pretende con este trabajo de investigación es dar a conocer los procesos de socialización de los individuos en edad escolar, los elementos que influyen en éste, los factores que pueden afectar el desarrollo de socialización de un individuo, y sus posibles consecuencias, además de aportar algunas sugerencias que puedan ayudar a encontrar un solución a este problema al que se enfrentan algunos alumnos.

La integración de un individuo a su entorno social depende de muchos factores tanto de carácter externo, como puede ser el contexto, como de carácter interno, como puede ser el nivel de desarrollo del individuo. Sin embargo en este trabajo lo que se plantea es que un alumno puede integrarse a un grupo social en base a la habilidad que tenga para manejar la situación de tal forma que no le genere un conflicto que afecte su comportamiento, situación académica, su estado emocional, etc. Lo que abre el panorama para los maestros, padres y alumnos, ya que les permite saber que es lo que puede estar ocurriendo y les permite conocer los elementos que pueden ayudar a modificar la situación actual del alumno.

La elección de este tema surge a partir de que tengo la oportunidad de trabajar en los diferentes métodos, currículum y edad de los sujetos que se encuentran en cada uno de ellos, siempre hay algo en común en cada uno de estos grupos: alumnos que no se integran al grupo escolar a pesar de sus desesperados intentos por lograrlo. Al tratar de integrar a algunos de ellos sin éxito, surge mi inquietud por el tema y así este trabajo de investigación.

Antecedentes
Remontándonos al origen del hombre como un ser con características particulares y distintivas del resto de los seres vivos, los interaccionistas simbólicos[1] afirman, que el hombre es un ser social por excelencia y aunque la mayoría de los seres vivos vive en grupos, las relaciones que establece el hombre con sus iguales son sumamente complejas y parte de un proceso que se va construyendo y reconstruyendo y que no se da por mero instinto, esto es lo que lo hace diferente del resto de los seres vivos.

La existencia del hombre depende hasta cierto punto de su desarrollo social. Uno de los aprendizajes más importantes del hombre es el de aprender a convivir con otros. El ser humano no puede progresar en el aislamiento absoluto.

No existe un registro exacto que especifique cuando o donde surgen las dificultades para socializarse, pero es un echo que desde que el hombre es hombre se ha tenido que enfrentar a algunos obstáculos para poder integrarse a un colectivo o a una sociedad.

Para Aristóteles, como para otros pensadores de la antigüedad, el hombre es un ser que vive en sociedad, y esta no es una cualidad indiferente o pasajera sino que es su nota fundamental. Nada hay que pueda llamarse humano que exista fuera de la sociedad.

Marx decía que el hombre mismo se diferencia de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus medios de vida con lo cual produce indirectamente su propia vida material.

Así mismo los interaccionistas simbólicos[2] afirman que los hombres son seres sociales que viven una existencia grupal, pero que a diferencia de las hormigas, termitas, abejas y otros insectos sociales, los seres humanos modelan su vida dentro de las comunidades que forman.

Este es el mérito del Homo-sapiens, el cuál en vez de desarrollar adaptaciones orgánicas frente a ambientes particulares, hizo adaptaciones culturales producto de mecanismos sociales.

Dentro de la escuela, el desarrollo social ha tenido un gran peso, tanto que, actualmente se le ha reconocido como un agente socializador, pero esto no siempre fue así, ya que en ciertos momentos de la historia se manifestaba que la escuela era instructiva, lo que significaba que los educandos salían preparados para integrarse a un campo laboral, ya que sabían obedecer, y disciplinarse, sin embargo, en la escuela no se les proporcionaban las herramientas para integrarse a una sociedad de manera efectiva. Conforme ha pasado el tiempo, la socialización ha tenido cada vez mayor importancia y peso, ya que la escuela ha pasado a ser instructiva a formativa y dentro de esta formación se incluye un desarrollo social, además de que actualmente la escuela es considerada como uno de los principales agentes socializadores después de la familia, lo que le genera una mayor responsabilidad ante la sociedad. Sin embargo todavía existen carencias, es necesario que todos los actores involucrados en la educación (padres y maestros principalmente), conozcan en que consiste el desarrollo social, (como se va presentando, que factores son determinantes en éste proceso, quienes participan o influyen en el proceso vaya madurando y perfeccionándose conforme el alumno crece), sin embargo las fuentes de información que se proporcionan son muy pocas y muy superficiales y la información abordada con profundidad y detalle sobre el tema, en su mayoría esta dirigida a otros especialistas, lo que le dificulta al maestro y al padre de familia conocer y comprender el tema.

Actualmente con las formas en Educación Básica basadas en competencias, ya hay mayor difusión sobre el tema, pero desgraciadamente existen huecos en la información producto de muchas ambigüedades y falta de claridad en algunos términos y conceptos que son determinantes para que el maestro pueda ejecutar su tarea, por lo que es necesario que encuentre información más específica que le ayude a comprender mejor de el tema, lo que le permitirá realizar mejor su labor socializadora.

Justificación
Hace tiempo que la escuela reconoció sus responsabilidades en el sentido de encauzar al alumno hacia el logro de adecuados ajustes sociales. En 1998, la Conferencia Mundial sobre la Educación, celebrada en la sede de la UNESCO, expresó que es necesario propiciar el aprendizaje permanente y la construcción de las competencias adecuadas para contribuir al desarrollo cultural, social, y económico de la sociedad.

Aprender a vivir en sociedad es un requisito ineludible en la educación del hombre. Este aprendizaje es responsabilidad de la familia en primera instancia y posteriormente de la escuela y la familia, de ambas. Realmente existen diversos estudios sobre las relaciones personales como proceso y es a partir de aquí que surge la propuesta de potencializar este proceso en los alumnos para que puedan integrarse a una vida en sociedad.

Yo inicié éste trabajo como un registro de datos de algunos alumnos que estaban aislados de sus compañeros y que trataban de integrarse al grupo escolar sin lograrlo, entrevistando a estos alumnos y registrando diversos detalles que se dieron al interior de los grupos, me pude percatar de que la falta de información y conocimiento sobre el tema no permite que la situación sea detectada por los profesores y padres de familia, incluso el mismo alumno no es consciente de que su condición no está bien y que necesita ayuda. Y por supuesto tampoco se conoce las causas que lo originan y sobre todo las consecuencias que pueden tener a corto y largo plazo, por lo tanto padres de familia como maestros optan por creer es parte de su personalidad y por lo tanto no requiere de ayuda
Los alumnos que presentan una dificultad constante para relacionarse con sus iguales [3] en el contexto escolar, no logran integrarse por completo a un grupo, situación que genera en ellos un sentimiento de frustración por no lograrlo. Estos alumnos tienen más elementos en contra que a favor para resolver su situación, algunos de ellos son:
· Como al interior de un grupo ello son minoría, muchas veces pasan desapercibidos o son ignorados a pesar de que es muy evidente que estos chicos no están bien.
· La problemática de estos alumnos no está diagnosticado de manera formal ni como enfermedad, trastorno, o problema a menos que se vea ligado a algún otro padecimiento.
· La información que existe al respecto, por lo general, esta dirigida a psicólogos y otros especialistas, pero es poco lo que docentes y padres de familia se pueden informar.
· Dentro de la escuela siempre se tienen en cuenta las necesidades de los alumnos, incluso los planes y programas mencionan que hay que partir de la necesidades e inquietudes de los alumnos para iniciar el proceso de enseñanza aprendizaje, desafortunadamente en la práctica, éstas necesidades se reducen a las físicas como alimento, vestidos, salud, necesidades académicas como conocimientos, aprendizajes, material, uniforme, atención de los padres en el desempeño escolar y las actividades escolares y necesidades económicas, olvidándonos que existen otras necesidades cubrir y tomar en cuenta.

Por lo anterior, considero que es necesario investigar e informarse más sobre el tema, para poder ayudar al alumno no sólo a integrarse a su grupo escolar, sino para que el pueda integrarse en cualquier contexto social, de lo contrario, la escuela no estará cumpliendo su función al 100%.

Objetivos
La finalidad de este trabajo, a partir de lo que ya se ha planteado, es:
Plantear una situación, que si bien siempre ha existido en el contexto escolar, es poco lo que se sabe de ella, ya que existe muy poca difusión al respecto.
Informar sobre el proceso de desarrollo, los diversos elementos que participan en él, las posibles causas y las consecuencias.
A partir de la información que se aportó, el lector reconozca la importancia del tema. Pueda detectar un problema de socialización, y utilice los elementos dados para tratar de resolverlo en la medida de sus posibilidades.

Por lo anterior lo que se pretende responder en esta investigación:
· ¿Qué importancia tienen y que papel juegan las relaciones sociales dentro del contexto escolar?
· ¡Qué elementos conforman el proceso de socialización?
· Qué elementos de éste proceso son determinantes para que un alumno pueda integrarse a su colectivo escolar?
· ¿Qué elementos de la socialización pueden ayudar a sobrepasar los obstáculos impuestos por la sociedad, instituciones, ideologías, etc, a los que se enfrentan los alumnos?

Delimitación del Objeto de estudio

Déficit de socialización por habilidades sociales
A todos en algún momento nos ha pasado que nos cuesta trabajo entablar una relación con alguien, o de momento nos sentimos rechazados por las personas de un lugar al cual acabamos de llegar como puede ser una nueva escuela, un nuevo trabajo, una fiesta, etc. Esto es muy común y no requiere de mayor atención, ya que normalmente al paso de algunas horas o días ya hemos logrado socializar con alguien y poco tiempo después ya nos hemos integrado al grupo completo. Sin embargo, esto no siempre ocurre y pueden pasar horas, días, semanas o meses y las personas jamás se logran integrar a un grupo, algunas veces entre más lo intentan, más se alejan de él y en otras ocasiones ni siquiera saben como intentarlo por lo que se mantienen al margen de la situación.

En el contexto escolar, pasa algo similar, ya que existen alumnos que al no poder integrarse o relacionarse con sus compañeros de grupo se mantienen apartados de los demás, algunos en sus intentos logran relacionarse con una o dos personas, pero siguen al margen del grupo, y otros más a pesar de sus intentos no logran entablar ninguna relación y además llegan a ser agredidos, ridiculizados a la menor oportunidad, ignorados, etc. Es en situaciones como éstas, cuando se considera que hay problemas de socialización, ya que si bien es cierto que los grupos pasan esta barrera a partir de poner en práctica ciertas habilidades que le van a permitir salir delante de la situaciones que se le vayan presentando, entonces me pregunto ¿Por qué algunos alumnos no pueden hacerlo?

Al llegar a este punto después de un arduo trabajo de investigación, pude determinar que ésta es una dificultad más a la que se enfrentan algunos alumnos en el contexto escolar. Para poder conocer esta problemática es necesario asignarle un nombre que refleje la situación que los alumnos están padeciendo, que permita identificarla de lo que se habla cuando la mencionamos. Es por esto que tomando en cuenta todos los factores analizados con anterioridad, y las características del problema, yo le he llamado “Déficit de socialización por habilidades sociales”.

Debo aclarar que este término, lo tomo a partir de determinar que el problema lo están ocasionando las pocas herramientas sociales que tiene el alumno, además la dificultad que tiene para emplearlas en el proceso cotidiano de socialización dentro del contexto escolar.

Para poder definir lo que es déficit de socialización partiremos de la palabra déficit. Según el diccionario de las Ciencias de la Educación [4] déficit es la insuficiencia de un recurso o un bien material respecto a las necesidades. Por otra parte el diccionario Océano lo define como falta o escasez de algo que se juzga necesario para satisfacer una necesidad. Así mismo se define socialización como el proceso por el cual los individuos en su interacción con otros, desarrollan las maneras de pensar, sentir, y actuar que son esenciales para su participación en la sociedad. Dicho en otras palabras, vander lo define como el proceso por el cual todo miembro de una sociedad interioriza durante su época de crecimiento unos esquemas de conducta que le permiten comportarse en esta sociedad en conformidad con las convicciones y normas. Por lo que partiendo de ambos conceptos, Déficit de socialización por habilidades sociales:
Es la deficiencia o carencia de las habilidades sociales en el proceso de socialización, el cual le impide o dificulta al alumno integrarse a un grupo social.

Es así como yo defino esa dificultad de algunos adolescentes para socializarse en la escuela, pero no sólo haciendo referencia al problema Déficit de socialización, sino también a la causa por habilidades sociales. De tal manera que este problema queda perfectamente delimitado no entremezclando otros problemas y causas, lo que nos va a permitir conocerlo e identificarlo más rápido y evitar confundirlo con algún otro.

Marco Conceptual
a) Psicología social
La psicología social surge a partir de la inquietud del hombre por saber como se da la relación de los individuos con la sociedad. Es así como empieza con las primeras investigaciones al respecto de cómo y porque los individuos se desenvuelven dentro de una sociedad. Antes de que la psicología fuera considerada una ciencia, muchos de los problemas que actualmente estudia la psicología social, ya eran identificados por algunos filósofos y pensadores, y en algunos casos ya eran objeto de estudio aunque no en términos científicos, ya que no se consideraba a la psicología como parte de la ciencia.
Actualmente la psicología se divide en varias ramas, una de ella es la Psicología Social, cuyo objeto de estudio es determinar cual es la influencia del entorno social en la conducta y comportamiento de las personas, además de estudiar los procesos y las condiciones mediante los cuales se presenta la socialización.

Los psicólogos sociales buscan determinar el porque de ciertas conductas y actitudes del individuo, para así poder encontrar una respuesta lógica a ciertos fenómenos, así mismo pretende demostrar como es que toda actitud y comportamiento del hombre (pensamientos, emociones, deseos, acciones, juicios, etc). Están influidos por estímulos sociales. La psicología social tiene áreas de estudio en común con otras disciplinas, especialmente con la sociología y con la antropología cultural. Según el Manual de Psicología Social, las tres ciencias se diferencian de la siguiente manera: el sociólogo estudia los grupos sociales y las instituciones, el antropólogo las culturas humanas y el psicólogo social estudia el cómo los grupos sociales, las instituciones y la cultura afectan a la conducta del individuo.

Según Vander (1986:125), una de las áreas de estudio más importantes para la psicología social es la Socialización [5] , ya que una de sus principales inquietudes radica en cómo las personas aprenden las reglas que regulan su conducta en la sociedad, los grupos a los que pertenecen y las relaciones interpersonales que entablan con otras personas.

b) Teoría Cognitiva Social
Como fundamento para este trabajo tomo de la Psicología Social la Teoría Cognitiva Social cuyo principal representante es Albert Bandura. De acuerdo con Alvarado y Garrido (2004), esta teoría establece que los seres humanos no reaccionan de manera automática y mecánica a los estímulos del ambiente, ni la mente es una computadora que procesa la información automáticamente, produciendo un determinado resultado sin que intervenga la conciencia. La Teoría Cognitiva Social de Bandura descansa sobre la idea de que la persona es un agente de su propia conducta. Esta capacidad de agencia procede de cinco capacidades básicas que caracterizan a los seres humanos:
a) Capacidad simbólica, mediante la que podemos dar sentido, forma, contigüidad, a la experiencia, además de memorizarla para anticipar acontecimiento.
b) Capacidad vicaria que nos permite aprender mediante la observación de los comportamientos de los otros.
c) Capacidad de previsión, que guían y motiva anticipadamente las acciones y forma expectativas sobre las consecuencias de la acción.
d) Capacidad auto-regulativa, que asume que podemos tener control sobre nuestros pensamientos, sentimientos, motivaciones y acciones, lo cual permite reemplazar los controles externos por los internos.
e) Capacidad auto-reflexiva, mediante la que tomamos conciencia de nuestra experiencia y de nuestro propio pensamiento.

La elección de esta teoría se debe esencialmente a que se enfoca en entender cómo estructura el ser humano sus procesos y los lleva a cabo y establece que el individuo es capaz de modificar sus comportamientos para lograr determinados fines, lo cual es una de las ideas centrales de este trabajo.
A partir del análisis de los comportamientos y acciones de los individuos se puede determinar que es lo que esta fallando y que es lo que ser debe modificar para lograr el objetivo marcado.
Además busca que el individuo se consientice de sus acciones y actitudes de tal manera que las razones para que las pueda emplear de manera satisfactoria al encontrarse ante situaciones difíciles.

c) Psicología educativa
De acuerdo con Efraín Sánchez Hidalgo la psicología educativa tiene como objetivo de estudio la conducta que se desprende de un aprendizaje. Dicho en otras palabras, establece que todo aprendizaje modifica la conducta, es decir, que los individuos van modificando sus conductas y actitudes conforme van adquiriendo nuevos aprendizajes, es un mecanismo de adaptación a nuevas circunstancias o esquemas a los que se enfrentan los individuos.

Desde el punto de vista psicológico, se refiere a la modificación más o menos permanente de la conducta resultado de su experiencia en el ambiente, es decir, a partir de encarar situaciones nuevas que ponen al aprendiz de prueba. Si éste hace uso de sus capacidades, habilidades y conocimientos para superar las dificultades que se le presenten, a ese logro se llama aprendizaje. El individuo va cambiando a medida que adquiere nuevos aprendizajes.

Generalmente el aprendizaje se relaciona exclusivamente al ámbito académico. En este sentido, el aprendizaje se limita a aquellos logros académicos producto de la actividad escolar, y se piensa que ésta es la función exclusiva y más importante de la escuela, dejándose de lado otros tipos de aprendizaje. Lo académico es una clase específica de aprendizaje. Aprender dentro de la escuela es una actividad mucho más amplia.

De acuerdo con Efraín Sánchez Hidalgo, el concepto global y amplio de aprendizaje incluye, además de la enseñanza de las nociones académicas, que son por sí muy importantes, la de otras no menos importantes, tales como actitudes, intereses, valores, ideales, destrezas motrices, razonamientos, apreciaciones, preferencias, creación, etc. El importante proceso de la vida llamado en lenguaje psicológico los ajustes del individuo se incluyen en el concepto moderno de lo que es aprender. El logro de los ajustes sociales y emocionales están sujetos a los principios básicos del aprendizaje como la adquisición de la habilidad para hallar la raíz cuadrada de un número. (1988-34).

Como se puede apreciar la psicología educativa está muy interesada en todos los aspectos del desarrollo humano, así como las diferentes etapas en las que se presentan cada uno de ellos. Podemos afirmar entonces que los aprendizajes humanos están condicionados por aspectos como:
ü Desarrollo físico
ü Desarrollo motor
ü Desarrollo emocional
ü Desarrollo social
ü Desarrollo mental
ü Desarrollo moral de las personas

Un desarrollo integral, es decir, el desarrollo paralelo de todos estos aspectos, se ve reflejado no sólo en la adquisición de nuevos aprendizajes de una forma más efectiva, también con la gente y comprendería, sin que ello signifique estar de acuerdo con ella en todo momento, son resultados de un paulatino y bien orientado desarrollo social. El escribir de una forma legible y ordenada es el resultado de un buen desarrollo motor.

La psicología educativa no sólo se enfoca a los aprendizajes positivos, si no también a los negativos, los cuales los podemos definir como perjudiciales para el aprendizaje y/o para terceros. Además también busca reorientar ciertos aprendizajes que puedan poner en desventaja al alumno o a un grupo social.

Por lo anterior podemos concluir que la psicología educativa no se limita al estudio y análisis de los aprendizajes académicos, también se enfoca en potencial todas las capacidades humanas con el fin de lograr otro tipo de aprendizajes que permitirán a las personas en desarrollo de una personalidad más sana, estable y feliz, eliminando todos aquellos aprendizajes que pueden ser dañinos o destructivos para los individuos y colectivos sociales. Es por ello que en el presente trabajo de investigación resulta necesario retomar conceptos básicos, procesos y principios de la teoría cognitiva social y la psicología educativa para definir y conocer a fondo problemas sociales que se presentan en el contexto escolar.

Metodología del Trabajo
La presente investigación de corte empírico[6] se realizo en cuatro años, durante los cuales se obtuvieron una serie de datos de campo que son parte fundamental de la misma. Las herramientas etnográficas [7] que se emplearon para la recolección de información son las siguientes:

ü Entrevistas que fueron grabadas en audio con la finalidad de conservar la fidelidad de la información
ü Encuestas en sus dos modalidades: con cuestionarios abiertos y cerrados [8]
ü Observaciones en su mayoría participantes dentro del contexto escolar, las cuales fueron registradas en el diario de campo.

En una primera etapa la investigación se realizó en el municipio de Naucalpan, Estado de México, en una escuela Primaria Oficial, en su único turno, en un grupo de sexto año, aquí inicié como observador no participante realizando diario de campo, además de dos entrevistas a partir de lo cual se establece la pauta para continuar con esta investigación. Posteriormente comencé a laborar en una escuela Secundaria Oficial turno matutino, ubicada en Lomas de Atizapán, Municipio de Atizapán de Zaragoza, Estado de México. Ya como profesora horas clase[9]continué con la investigación a lo largo de año y medio, tiempo durante el cual recopilé una serie de entrevistas, encuestas y observaciones nuevamente vino un cambio en mi situación laboral, ya que mi recontratación se detuvo por periodo de dos meses y después de mucho insistir me recontrataron en el turno vespertino con menos horas y otras asignaturas, así que nuevamente tuve que adaptarme y darle continuidad a mi investigación, pasando así dos años hasta este momento. Lo interesante es que todos estos cambios lejos de afectar me han dado un campo de acción mucho más amplio y esto ha enriquecido mi investigación y le ha brindado mayor solidez.

Conclusiones
Conocer todos los aspectos y elementos que constituyen el proceso de socialización resulta indispensable para poder determinar que herramientas son las que requieren los alumnos y a su vez saber que es lo que no se está realizando adecuadamente.

La familia juega un papel muy importante dentro de este proceso, ya que proporciona las herramientas básicas para que el alumno se desenvuelva en otros conceptos y además que pueda ir adquiriendo nuevas habilidades.

En el contexto escolar es indispensable conocer las habilidades y las competencias sociales que deben ir adquiriendo los alumnos, lo cual nos permite saber cuales son las deficiencias que tienen y que hay que reforzar.
Es importante saber cual es la función tanto de la familia como de la escuela en éste proceso, para poder determinar la causa del problema y lo que es necesario reforzar o implementar.

Déficit de socialización por habilidades sociales en el concepto que yo asigno a éste problema el cual se refiere a la dificultad de los adolescentes para socializarse en la escuela, y lo defino como deficiencia o carencia de habilidades sociales en el adolescente, que le van a dificultad o impedir socializarse con sus iguales.

Podemos a firmar que para que un individuo sea Competente socialmente se requiere de un conjunto de habilidades sociales, siendo esta la base del proceso de socialización.

Los alumnos con Déficit de socialización por habilidades sociales requieren de una atención especial y para brindarla, es necesario que docentes y padres de familia conozcan el problema y se informen al respecto.

Las consecuencias que éste problema pueda ocasionar a los alumnos de no ser atendidos son muchas, pero las inmediatas, las que se reflejan en esta escuela son: bajo rendimiento académico, ausencia de autoestima, agresividad, aislamiento, entre otras.

Es muy importante dar el apoyo a estos alumnos y brindarles seguridad, además de ayudarles a adquirir las herramientas necesarias para que puedan superar el problema.

Referencias
ABERASTURY, A. y M. Knobel (1985), La Adolescencia Normal. Un enfoque Psicoanalítico. Argentina, Paidós.
ALONSO, M.T.(1992, La Afectividad en el niño. Manual de Actividades Preescolares. México, Trillas.
ALVARADO, J.L. y A.Garrido (2004), Psicología Social. Perspectivas Psicológicas y Sociológicas. España, M.c Graw-Hill/Interamericana de España.
ARBUDÍN, Y. (2005), Educación basada en competencias: nociones y antecedentes, México, Trillas.
ÁVALOS, B., I Fenoglio y E.González (1998). Psicología Práctica familiar. México, Reader’s Digest.
DEL PRESETTE, Z. y A. Del Presette (2002), Psicología de las habilidades sociales: Terapia y Educación, Colombia, El Manual Moderno.
GALLINDO, L.(1995), Diccionario de Sociología, México, Fondo de Cultura Económica (FCE).
MELERO, Ma. de los Ángeles (2000), la interacción social en los contextos educativos, España, Siglo XXI.
MESANZA, J., (coord.), Diccionario de las Ciencias de la Educación. Madrid, España: Santillano. 1995.
O’CONOR, J.(2000), PNL y Relaciones Humanas, México, Paidos.
PAPALIA D., S. Wendkos y R.Duskin (2005), Psicología de Desarrollo. De la infancia a la adolescencia, México, Mc Graw-Hill/Interamericana Editores.
PRATT, Henry (1997), Diccionario de sociología, México, Fondo de Cultura Económica.
SANCHEZ, Efraín (1988). Psicología educativa, Puerto Rico, EDUPR.
GOMEZJARA Francisco A. (1990), Sociología. México, Porrúa.
VANDER, James W. (2002), Psicología Social, México, Paidós.
INTERNET
EUMET, “Las necesidades sociales y la pirámide de Maslow” en EUMED
http://www.eumet.net/cursecon//necesidades_sociales.htm. Consultada noviembre de 2005.
Gobierno de Atizapán de Zaragoza.
http://www.atizapan.gob.info.htm. Consultada el 23 de marzo de 2006.


** Exalumna de la Licenciatura en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN095 D.F. Azcapotzalco.
*** Directora de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN095 D.F. Azcapotzalco.
[1] Interaccionismo simbólico: es un peculiar enfoque sociológico y psicológico social que alcanzó su desarrollo fundamental en Estados Unidos bajo la influencia de los filósofos pragmatistas, en especial William James y John Dewey. Manual de la psicología social.
[2] Vander Sanden. Psicología Social Paidos 2002.
[3] En psicología se llama iguales a las personas de la misma edad y de un mismo nivel de desarrollo que otras. Eric Digest 2000.
[4] Diccionario de las Ciencias de la Educación. Santillano. Madrit, España. 1983
[5] Vander (1986 125) define la Socialización como el proceso de adaptarse o formarse para un medio social específico).
[6] Se refiere a que la investigación surge a partir del análisis de mi práctica docente, es decir a partir de mi experiencia y son la base de ésta investigación.
[7] Para la recolección de datos he empleado estas herramientas etnográficas por poseer las siguientes características que facilitan mi investigación: Observación Participante: permite observar a los individuos en su campo de acción con discreción y extraer los datos sin provocar un cambio en el comportamiento de los alumnos, como lo pudiera generar una cámara de video o una persona extraña al grupo. La importancia de no alterar de manera significativa el contexto, con la finalidad de que tampoco se altere los datos, es lo que me lleva a realizar una observación participante, ya que por naturaleza del contexto y de mi trabajo facilita la investigación y aportan datos significativos para esta. Para complementar la información, empleo dos herramientas más que me van a permitir extraer más detalles de la situación y las diversas perspectivas de los individuos implicados. La entrevista: es con la finalidad de descubrir lo que son las visiones de las distintas personas involucradas y recoger información sobre determinados acontecimientos o problemas que normalmente no se reflejan en la observación o la encuesta, además de que es una forma de hacer fluir la información la encuesta: es la consulta tipificada y realizada con ayuda de un cuestionario. La encuesta se diferencia de la entrevista en que la información que se obtiene ya está de antemano preparada y estructurada; además, en la entrevista hay una mayor flexibilidad para obtener información. Permites cuantificar los datos y establecer en que proporción y condiciones se encuentran la situación que estamos estudiando. Análisis de la Práctica Docente Propia Antología Básica. 1994
[8] En el Manual de la Psicología Social uno de los métodos de estudio de la Psicología Social es la encuesta y se clasifican en dos modalidades: A) Con cuestionario abierto: se caracteriza por que las preguntas están estructuradas de tal forma que permiten una respuesta libre, sin limites. B) Con cuestionario cerrado o estructurado: es decir que el encuestado está limitado a elegir una respuesta de varias alternativas enunciadas.
[9] En el Nivel de Secundarias Generales del Estado de México, se llama profesor hora clases (P.H.C) a los maestros que estamos frente de grupo que estamos impartiendo las diferentes asignaturas.

La teoría de la actividad en la enseñanza

Gerardo Ortiz Moncada[1] y Silvia Chávez Venegas[2]

El presente trabajo aborda algunas generalidades epistemológicas de la Teoría de la Actividad de Leontiev y Galperin, basada en el enfoque Histórico-Cultural de Vygotsky, con el fin de delinear sus alcances dentro de la psicología y la pedagogía como una propuesta educativa diseñada a partir del carácter orientador de la enseñanza. Se realiza una breve reseña histórica que permite entender el planteamiento de las categorías básicas de esta teoría, para posteriormente discutir sus implicaciones en la educación y en la actividad escolar. Finalmente se bosqueja el método de formación por etapas de las acciones mentales que permite analizar la lógica del desarrollo psíquico de los conceptos y sus implicaciones en las formas y sistemas de actividad propios de los alumnos.

La teoría de la actividad permite estudiar diversos aspectos de la psicología general (Galperin, 1992b, 1976) y de manera concreta facilita el estudio psicopedagógico de la enseñanza (Talízina, 2000, 1988), la cual al ser una rama de la ciencia psicológica, se encuentra con la tarea de establecer los principios teóricos y metodológicos de la psicología que, en su devenir y desarrollo, se desprenden de la aproximación histórico-cultural (Shuaré, 1990) planteada por Vygotsky (1995). El propósito es poder encontrar una teoría que permita resolver problemas generales y particulares de la psicología y que, además, promueva la integración de sus diversas ramas. En este sentido, la aproximación referida resulta ser un soporte teórico y metodológico para la comprensión del proceso educativo, de manera más específica el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Como hasta ahora se ha observado, la propuesta psicopedagógica conductista se enfoca al proceso de enseñanza, sin considerar al alumno más allá de un ente respondiente al estímulo; mientras que en el cognoscitivismo se observa una exacerbación del papel del alumno quién puede o no adquirir y asimilar determinados conocimientos; sin embargo, dicha aproximación no aborda el papel orientador del docente.

Desde la teoría de la actividad se busca conformar una teoría de la enseñanza que se centre en este proceso como un conjunto de aspectos epistemológicos, metodológicos y prácticos en el cual se integra el papel orientador del docente como el elemento clave en el mantenimiento del objetivo de la enseñanza misma, sin que ello excluya el papel del alumno en este proceso. En este sentido, la teoría de la actividad de la enseñanza considera como elemento primordial el nivel de desarrollo psíquico de los niños (Petrovsky, 1985) a partir de su experiencia cultural (Vygotsky, 1978), aunado a su nivel de interiorización y conformación de sus acciones mentales (Galperin, 1992a; Talízina, 1988). Para comprender tal premisa es necesario considerar brevemente la conformación de la teoría de la actividad y sus principios básicos.

Ante los requerimientos teóricos y prácticos de la psicología del inicio del siglo XX, L. S. Vygotsky (1995, 1978) realizó un conjunto de escritos que no sólo criticaban los avances de esta disciplina en aquel momento, además reformuló y planteó una serie de principios que partían de una perspectiva marxista de interpretación de la realidad (Shuaré, 1990). Uno de los retos más grandes era romper con los paradigmas polarizados de corte subjetivista por un lado y los de corte materialista mecanicista por el otro (Merani, 1968). Vygotsky planteaba que ambos aspectos eran importantes; esto es, "la psiquis sin la conducta no existe, como tampoco existe la conducta sin la psiquis" (Vygotsky, op. cit.).

A pesar de que los trabajos de Vygotsky en sí mismos no pertenecen a lo que posteriormente conformaría la teoría de la actividad, resulta sobresaliente que fue él quién, al integrar la conducta con la psique y lo social con lo individual, determinó que para la comprensión del fenómeno psíquico, era necesario salir de sus marcos, y dirigirse a la propia vida del hombre, considerando con ello las condiciones concretas de su existencia. Es posible observar a partir de esta premisa que Vygotsky propugnaba que el desarrollo psíquico está determinado por la asimilación de la experiencia social a partir de su práctica individual.

Además, Vygotsky (González, 1996; Moll, et al, 1993; Riviere, 1988) formuló una categoría de importancia capital para la psicología general y particularmente de gran valor heurístico para la psicopedagogía que corresponde a la mediatización. Este proceso, de acuerdo a Vygotsky, involucra la diferenciación del nexo que relaciona al hombre con el mundo de su interacción con los animales, lo cual es una particularidad de su actividad práctica. Aunado a lo anterior, el hombre ha elaborado diferentes signos que sirven de instrumentos y que mediatizan los procesos psíquicos del hombre; mientras que los instrumentos de trabajo están dirigidos hacia el exterior y conducen a los cambios de los objetos de la realidad circundante; de tal forma, los instrumentos-signos se dirigen hacia el interior y llevan a los cambios de los procesos psíquicos.

Como ya han explicado diversos autores (Vygotsky, 1978; Galperin, 1992a), los signos tienen al principio una forma externa, material, y gradualmente se interiorizan haciéndose internos. En este sentido, el principal sistema, el cual también se sujeta al proceso de interiorización; i.e. al principio se utiliza para la comunicación con otras personas y gradualmente de manera individual en el plano del lenguaje interior (Luria, 1966; Galperin, 1992a). Cabe enfatizar que el lenguaje, en un principio, surgió en la práctica social que favorecía las relaciones entre los seres humanos. Asimismo, la práctica humana favorece la conformación y complejización de diversas relaciones sociales entre las que destaca el habla que materializa al lenguaje como un producto de su cultura. De ahí la naturaleza cultural e histórica de la psiquis humana (Leontiev, 1967; Luria, 1982).

La importancia de los instrumentos radica en que permiten el desarrollo y modificación de la estructura, función y características de la actividad (Talízina, 2006). Para Vygotsky (1978), la mediatización a partir de instrumentos y signos conduce a la articulación de las funciones psíquicas; esto es, permite la formación de nuevas relaciones interfuncionales. Este principio encuentra sentido dentro de una perspectiva sistémica, ya que la propuesta de Vygotsky no busca estudiar el todo o sus partes, sino la relaciones que convergen dentro de los elementos del sistema (Bertalanffy, 2004) y su carácter dinámico determinado por la experiencia histórico-cultural.

Por otro lado, a partir de la mediatización de los instrumentos-signos, el hombre es capaz de mediatizarse a sí mismo y su conducta, lo cual otorga, de acuerdo a Vygotsky (1978), el carácter superior, social y voluntario de sus procesos psicológicos. En este sentido, es posible observar que los mediatizadotes son al principio externos, materiales, que son utilizados en condiciones de actividad conjunta (Leontiev, D. A.; 1989); gradualmente se convierten en internos, psíquicos y utilizables de manera individual para la regulación y direccionalidad de su propia conducta. A este respecto, Vygotsky (1995) argumenta que toda función psíquica superior en el desarrollo del niño aparece dos veces en el escenario: la primera vez, como una actividad colectiva, social, o sea, como una función interpsíquica, y la segunda vez, como actividad individual, como modo interno de pensar del niño, como una función intrapsíquica.

De acuerdo a Talízina (1988), Vygotsky fue quién estableció los principios de la unidad de la actividad externa de la psiquis y del enfoque de la psiquis del hombre como social por su naturaleza; sin embargo, no logró darles consecución. De hecho, es posible observar que sus trabajos se dirigieron primordialmente a analizar el carácter reflejo de los instrumentos y el significado que de ellos se produce; ya sean instrumentos internos o externos. Para Vygotsky entonces el proceso de desarrollo de las formas mediatizadas de la psiquis es un proceso de desarrollo de los significados; para él, en la palabra se representa el significado. En consecuencia, la tarea residiría en observar cómo la palabra adquiere su significado, sin realizar una diferencia adecuada entre el significado y el concepto.

Al analizar tales premisas, es posible apreciar que la actividad no es plenamente considerada en la obra de Vygotsky, ya que el sujeto no opera en el mundo de las cosas, sino en un plano comunicativo, intelectualizado e ideal (Galperin, 1992a).

Resulta necesario destacar que a pesar de las limitantes de los trabajos de Vygotsky, los principios que empezó a delinear resultaron de suma importancia para la posterior conformación de la teoría de la actividad y su posterior empleo psicopedagógico (Leontiev, 2005b); siendo entonces Rubinstein (citado por Talízina, 2002) quién propuso examinar la actividad como objeto de estudio de la psicología; aunque posteriormente precisó (Rubinstein, 1974, 1963) que lo que se requería estudiar no es la actividad como tal, sino sus peculiaridades psicológicas (Rubinstein, 1963). Si bien esta premisa incluye tanto la actividad como la psiquis, también es cierto que sigue, hasta entonces, la disociación de una respecto a la otra y con ello la carente explicación de sus relaciones.

Posteriormente, A. N. Leontiev (1967, 1972, 1978, 1994, 2005c-e) explica estas relaciones al manifestar que la psiquis no es complemento subjetivo a la actividad vital del organismo, sino como la forma de la propia actividad vital; esto es, a partir de los trabajos de la psicología evolutiva (Galperin, 1992d; Luria; 1982; Leontiev, 1967, 2005d; Leontiev y Luria 2005) es posible apreciar que la misma lógica de desarrollo filogenético del hombre condujo a la necesidad de la aparición de lo psíquico. Tal apreciación permitió a Leontiev realizar un análisis más objetivo de las relaciones entre el organismo y su medio, considerando que la orientación activa en su medio trajo consigo la aparición de formas complejas de actividad. Además, Leontiev (2005d) mostró que, al destacar las principales etapas del desarrollo de la psiquis de los animales, se debe, ante todo tomar en cuenta la estructura objetiva de su actividad, que los relaciona con el medio ambiente y determina la forma en que reflejan la realidad. A partir de este enfoque (según las formas de reflejo) destaca las siguientes etapas: la de la psiquis sensorial elemental, la de la psiquis perceptiva y la del intelecto.

Es entonces que para Leontiev (2001, 2005d) la actividad, que permite al hombre relacionarse con el mundo para adaptarse a él y para poder transformarlo, es el objeto de la psicología. Sin embargo, todavía resultaba menester poder explicar la estructura de la actividad; para ello determinó que el objetivo y el motivo son los componentes principales de la actividad.

En primera instancia, el motivo de la actividad se refiere a una necesidad objetivizada, como el objeto que mueve al sujeto a la realización de alguna acción. Posteriormente resulta indispensable para Leontiev (2001, 2005d) distinguir la actividad de la acción y ésta de la operación.

La actividad es el conjunto de procesos que realizan una actitud vital, activa; del sujeto hacia la realidad (Talízina, 1988). Dentro de los rasgos de la actividad coincide el motivo y el objetivo, asumiendo que el motivo es el detonante de la actividad que se determina por el objetivo. Para poder llegar al cumplimiento de tal objetivo se requiere de las acciones como componentes primordiales de la actividad (Talízina, 2002). Una acción resulta ser el proceso subordinado a la representación del resultado que debe alcanzarse, o sea el proceso subordinado a un objetivo consciente. Al igual que el concepto del motivo se correlaciona con el de la actividad, el concepto del objetivo se correlaciona con el de la acción (Leontiev, 2001, 2005e).

En otras palabras, es posible observar que la acción es un proceso orientado por el motivo de la actividad. Ahora bien, para Leontiev (íbidem) las operaciones son aquellos métodos por medio de los cuales se realiza la acción; de este modo, las operaciones corresponden no al motivo ni al objetivo de la acción, sino a las condiciones en las cuales está dado el objetivo (Leontiev, íbidem). Éstas se forman de las acciones cuando el objetivo de la acción forma parte de otra acción como condición de su cumplimiento, es entonces que la primera acción se transforma en método de realización de la segunda, en una operación consciente (Leontiev, íbidem).

Es así que podemos observar que la actividad se caracteriza por la utilización de instrumentos de carácter socializado; esto es, el hombre orienta su actividad no sólo por la mediatización del instrumento, sino por la actividad de otras personas con las que se relaciona (Petrovsky, 1990). De tal forma, junto con la acción, como unidad principal de la actividad del hombre, surge igualmente la unidad básica, social por su naturaleza, de la psiquis humana: el sentido razonable para el hombre de la orientación de su actividad (Leontiev, 1967, 2005d).

Las apreciaciones de Leontiev muestran que la psique, al ser forma de la actividad vital del organismo que surge y se desarrolla como resultado del cambio de las condiciones de vida, no es una cualidad meramente subjetiva sino determinada por las relaciones con la actividad externa del hombre.

La actividad externa tiene un carácter práctico que gradualmente se interioriza adquiriendo la forma de actividad interna, ideal (Obukhova, 2006). Lo anterior no implica que se convierta en un elemento exclusivamente ideal, sino que conserva cualidades materiales al verse inserto y ser representante de la actividad; esta premisa le permitió a Leontiev eliminar la oposición dualista de la actividad interna, a la actividad externa, la intención radica entonces en mostrar que son dos formas de un todo único: de la actividad; con esto, una de estas formas es engendrada por la segunda, y deriva de ella (Talízina, 2000, 1988).

La actividad exterior-práctica, y la interior-psíquica expresan su similitud al tener una estructura igual, ya que en ambas se distinguen la actividad propiamente dicha, las acciones y las operaciones. Esta interrelación de la estructura de la actividad externa y de la actividad psíquica hace posibles sus transiciones y transformaciones mutuas; la actividad interna incluye permanentemente algunas acciones y operaciones externas, y la desarrollada actividad práctica exterior, las acciones y las operaciones internas (Leontiev, 2001, 2005c-e).

De tal forma, Leontiev rompe con el esquema cartesiano de lo externo en contraposición a lo interno y a partir de la unidad de la psique y de la actividad del sujeto es posible explicar sus relaciones mutuas e internas. Esta premisa mantiene además un carácter histórico-cultural, en el sentido de que el sujeto se apropia de parte de la experiencia de la humanidad acumulada a lo largo de las generaciones previas (Leontiev, 1967), siendo en este proceso especial donde se forman en el hombre las capacidades específicamente humanas.

Los trabajos de Leontiev facilitaron el rompimiento del subjetivismo-idealista por un lado y el materialismo-mecanicista por el otro, procurando esclarecer la dependencia de la psiquis respecto a la vida real del sujeto en condiciones de los tipos concretos de su actividad. De manera muy particular, la actividad del estudio ha sido de gran relevancia dentro de la teoría de la actividad como una de las principales formas de actividad humana (Talízina, 2006, 2002, 2000, 1988; Salmina y Filimonova, 2002, Leontiev A. N., 1994; Cipolla-Neto, 1994; Davýdov, 1987; Elkonin, 1987; Iliasov y Liaudis, 1986; Petrovsky, 1985; entre otros).

Lo hasta ahora esbozado de la teoría de la actividad condujo al planteamiento de tres principios fundamentales para la comprensión de esta teoría y su relevancia dentro de la psicología (Talízina, 1988) 1) el enfoque del carácter activo del objeto de la psicología; 2) el reconocimiento de la naturaleza social de la actividad psíquica del hombre; 3) el reconocimiento de la unidad de la actividad psíquica y de la actividad externa, práctica.

El primer aspecto del carácter activo del objeto de la psicología se refiere al papel que desempeña la actividad vital de cada persona y que favorece su accionar en el mundo circundante. Esto es, el hombre no es un ente adaptativo exclusivamente, sino que cuenta con las capacidades necesarias para transformar su entorno (Leontiev, 1967; Asmolov, 2002), en otras palabras, no sólo realiza acciones prácticas externas o conductas aisladas; además realiza acciones psíquicas (Talízina, 2006; Galperin, 2001,1992a). Esta premisa nos permite apreciar que la psicología, desde la perspectiva de la teoría de la actividad, no estudia las funciones psíquicas, sino los sistemas de actividad de la persona (Talízina, 2000, 1988; Petrovsky, 1990).

La importancia de los sistemas de actividad radica en que a partir de su observación, es posible distinguir la capacidad de orientación del sujeto en el mundo de los objetos (Leontiev, 2005d; Galperin, 1976, 1992b-d; Luria, 1982; Leontiev y Luria, 2005); esto además facilita la observación tanto de la actividad objetal externa como de la actividad psíquica individual, a partir de la formación por etapas de las acciones mentales (Galperin, 1992a). Es importante entonces destacar que la unidad de análisis de la teoría de la actividad es la acción, ya que de acuerdo a Rubinstein (1979) es importante encontrar la unidad que contenga los principales elementos de la psique en sus relaciones mutuas reales, determinadas por las condiciones materiales concretas y por las relaciones mutuas del individuo con el mundo que lo rodea, esta célula es cualquier acción como unidad de su actividad. Al trasladar esta premisa a la educación, es importante destacar que la elaboración de una teoría de la enseñanza requiere concebir el proceso de estudio como una forma de actividad y, a partir de ello, el análisis de este proceso en unidades de acciones (Talízina, 2000, 1988).

El segundo aspecto que refiere a la naturaleza social del desarrollo psíquico del hombre plantea que las formas sociales de los hombres condujeron a la determinación cultural y social de su actividad y no por su naturaleza biológica (Roguinski, et al, 1969; Leontiev, 1978, Smirnov, et al, 1997; Galperin, 1992d). De tal forma, la experiencia de la especie no se fija mediante la herencia biológica, sino a partir de formas sociales gradualmente más complejas tales como el lenguaje, los productos de la cultura, etc. (Smirnov, et al, 1997), esta transmisión de las formas sociales se ha modificando de generación en generación (Leontiev, 1978) y se asimila individualmente a partir de la experiencia histórico-cultural que le corresponde de acuerdo a su contexto (Roguinski, et al, 1969).

Una de las formas más complejas de asimilación de la experiencia conformada por las generaciones previas es la enseñanza y la educación (González, 1999; González y Mitjáns, 1999). Estas son formas de actividad conjunta (Leontiev, D. A., 1989) en las cuales es posible la organización y sistematización de cierto cúmulo de conocimientos que pueden ser transmitidos a las nuevas generaciones y asimilados de manera individual. Lo anterior no elimina los mecanismos hereditarios de corte biológico; esto es, las estructuras orgánicas propias de la especie constituyen la base material, mientras que la fuente del contenido psíquico se encuentra en lo social (Smirnov, et al, 1997). En este sentido, resulta importante considerar el correlato anatómico-fisiológico y sus particularidades, sin que ello implique que deban ser analizados al mismo nivel metodológico.

Para poder comprender el proceso educativo como condición básica para la asimilación de las formas culturales conformadas en generaciones previas (González, 1999; González y Mitjáns, 1999), es posible hacer uso de dos niveles de desarrollo planteados por Vygotsky (1995): el nivel real de desarrollo y la zona de desarrollo próximo. La primera refiere al resultado de lo que hasta cierto momento ya ha sido concluido en el desarrollo del niño (Vygotsky, 1995; González y Palacios, 1990), mientras que la segunda refiere a todo aquello que se encuentra en proceso de formación y que puede ser potenciado por la ayuda de quién haya previamente conformado el conocimiento necesario para la tarea en cuestión (ibidem).

Ambas nociones implican una diferenciación del tipo de contenido que ha de ser introducido en el proceso de enseñanza; de acuerdo a Vygotsky (1995) es necesario manejar tipos de conocimientos orientados a la promoción no del nivel actual de desarrollo, sino a la zona de desarrollo próximo, la cual hace referencia a la distancia entre el nivel real de desarrollo determinado por la capacidad de resolver un problema de forma independiente y el nivel de desarrollo potencial determinado por la capacidad de resolver un problema bajo la orientación de un adulto o en colaboración con otros niños más capaces. Además, estos conocimientos deben estar encaminados a que el estudiante se valga de su propia actividad orientada al mundo de las cosas acerca de las cuales se busca la transmisión de conocimientos (Talízina; 2000, 1988).

La educación además desempeña un papel determinante para la sociedad que consiste en la transmisión de información a la nueva generación; esto implica la promoción de la asimilación del mundo de las cosas a partir de sus aspectos y regularidades con el fin de ser generalizadas (Davýdov, 1988). De esta forma, la educación es el mecanismo por el cual se transmite no sólo el conocimiento previo, sino además la sistematización y la organización especial que hasta entonces se ha conformado en torno a dichos conocimientos, ya que de lo contrario, se pensaría en un simple descubrimiento de lo ya creado; en este punto radica la diferencia entre la formación de un concepto científico y otro espontáneo o cotidiano (Vygotsky, 1995).

Tal sistematización y organización de los conocimientos se refrenda socialmente dentro de las diversas acciones que se realizan en la actividad escolar y su impacto directo en los sistemas de actividad de cada individuo Petrovsky (1985). Talízina (1988, 2000) advierte que es posible utilizar debidamente uno u otro objeto únicamente cuando se domina el modo requerido y plantea como ejemplo el uso del concepto para la clasificación de los objetos, para su comparación, etc., sólo cuando domina los métodos lógicos correspondientes, los modos de acciones que incluyen un determinado sistema de operaciones mentales que se cumplen según una regla determinada. De tal manera, las acciones son los componentes rectores en el proceso de asimilación de la experiencia, ya que si no se dominan dichas acciones, entonces el mundo de las cosas (materiales e ideales) resulta inaccesible para los sujetos (Leontiev & Asnin, 2005). En otras palabras, el objeto en sí mismo no presenta un carácter instrumental, si no se considera bajo la influencia de la acción en la que se hace uso de tal objeto (Leontiev, 2005d).

Además, esa acción en la que se utiliza un objeto deberá estar inserta en una forma más compleja de actividad, la cual debe a su vez ser adecuada al objeto que se emplea (Leontiev, ibidem). Esta premisa resulta ser la primera condición necesaria para la asimilación de la experiencia social, mientras que una segunda condición resulta ser la comunicación con la generación previa (Leontiev, 1967); esto es, el adulto le muestra al niño el modo de acción con el objeto, ayudándole a emplearlo adecuadamente con el fin de estructurar en él las operaciones instrumentales (2005e). Al analizar la importancia de la asimilación del objeto, se considera tanto el aspecto de creación del mismo como parte del avance de instrumentación que se ha desarrollado generación tras generación, como el aspecto de asimilación por parte del niño, ya que ambos implican un carácter social (Talízina, 1988).

En el caso concreto de la enseñanza, este último principio es importante ya que no se busca en una primera instancia que los niños asimilen los modos de creación de los objetos sociales (materiales e ideales), sino su modo de uso dentro de las acciones adecuadas. Además, resulta importante destacar que si bien se busca transmitir el carácter social del objeto (fabricación o uso), lo que determina su análisis es la formación por etapas de la acción mental en la que se ve involucrado (Galperin, 1992a).

Esta premisa resulta fundamental para la psicopedagogía y la psicología general, ya que la generación mayor puede dominar muy bien el uso de algún objeto; sin embargo, ello no implica que conozca las etapas de la formación de la acción necesaria para emplear el objeto. Es por lo anterior que resulta imprescindible generar el nivel de orientación necesaria para que la persona encargada de transmitir alguna forma de conocimiento sea consciente de tal proceso y con ello su inserción a una forma de actividad apropiada (Talízina, 2000, 2002).

El tercer aspecto, acerca de la unidad de la psiquis y de la actividad, se refiere en primera instancia a la eliminación del carácter cartesiano-dualista de la relación disociada entre lo material y lo ideal, así como de lo externo a lo interno (Poliakov, 1997), la superación de este problema la encontramos en el hecho de que tanto la psique como la actividad externa son representaciones de actividad y que ambas tienen estructura idéntica (Leontiev, 2005c, 2001). Además, su unidad radica en que la actividad psíquica interna es una forma de actividad material y externa transformada (Leontiev, 2005d).

De esta manera, al ser la psique una forma de actividad, entran en ella no sólo los objetos ideales como las representaciones y los conceptos, sino de igual manera las operaciones que se hacen con y a partir de ellos (Leontiev, 2005a). Sin embargo, todavía quedaba un problema por resolver que era acerca de la manera en cómo se forman las acciones mentales, ante lo cual Talízina (2000, 2006) comenta que fue Galperin quién concretó esta explicación al formular la teoría de la formación por etapas de las acciones mentales (1992a), la cual no sólo abre las puertas a la resolución de muchos problemas de psicología general, sino de manera concreta puede ser aplicado a la psicopedagogía desde las bases de la teoría de la actividad (Haenen, 1992).

Una de las diferencias cualitativas del hombre es la posibilidad de desarrollar una gran variedad de habilidades y estrategias de manera interna; este plano permite al hombre actuar con sustitutos simbólicos sin la presencia física-objetal necesariamente (Galperin; 1992a, d). Galperin (ibidem) distinguió entre las acciones ideales que pueden realizarse en presencia de la situación problemática y las acciones mentales que pueden ser realizadas de manera abstracta, separadamente de la situación física. Este último tipo de acción no es un procesamiento aislado del cerebro; de hecho refiere a formas de acción relacionadas a objetos; esto significa que no se realizan de acuerdo a los parámetros o leyes mentales independientes, sino a partir de las leyes del mundo externo (Galperin, 2001), así, las acciones mentales tienen el mismo contenido objetal como cualquier acción material externa.

El punto anterior requiere la explicación de las relaciones y regularidades acerca de cómo la acción con un determinado contenido objetal se transforma de un plano material a otro interno-ideal manteniendo el mismo contenido objetal. Para ello, Galperin (1992a) formuló el método de formación por etapas de las acciones mentales que consiste básicamente en el estudio de la actividad intelectual, pero no como una serie de cortes o como un proceso pre-existente, sino a partir de su propia dinámica, en el juego de sus fuerzas motrices y mecanismos constitutivos.

Cabe destacar que esta consecución de etapas no fue formulada originalmente como un método exclusivamente psicopedagógico (Haenen, 1992), sino como un modelo explicativo de la formación ontogenética de la actividad psíquica. Ante ello, Talízina (1988) advierte que como la ontogenia del hombre es principalmente el proceso de asimilación de la experiencia acumulada por la humanidad, que siempre se realiza con la ayuda de otras personas, esta teoría es al mismo tiempo, un modelo de asimilación y de enseñanza. Está constituido de la base exterior hacia la esfera interna, a través de las siguientes etapas:


Formación de la base orientadora de la nueva acción.
Formación del aspecto material de esta acción.
Formación de su aspecto verbal externo.
Formación de esta acción como un acto mental a través del lenguaje interiorizado.

La formación de la base orientadora de la nueva acción requiere de un proceso de introducción y contextualización de la nueva tarea, se dan las instrucciones necesarias para realizarla, se conforma la representación anticipada de la tarea y se establece el sistema de orientadores, todo ello con el adecuado planteamiento de objetivos (Galperin, 1992a, 2001a). En esta etapa se cumplen los tres tipos de operaciones que forman parte de la acción, éstas son las orientadoras, las ejecutoras y las de control (Talízina, 2002, 2006).

En el caso concreto de la enseñanza, el tipo de base orientadora determinará el acceso por parte del sujeto a los elementos básicos para acceder al objeto de estudio en cuestión. Durante esta etapa, el profesor exterioriza la acción mental de la tarea por realizar, por lo cual esta parte no es del todo la acción en sí misma sino su identificación por parte del alumno; además de que es necesaria para el conocimiento de las condiciones a través de las cuales se logra cumplir la tarea (Talízina, 1988). Esta premisa permite observar que se requiere todavía de la propia participación del alumno para que la acción sea suya; esto es, la identificación de los requerimientos necesarios para la tarea tan sólo sirve como base para el posterior paso por las siguientes etapas.

Más adelante, la formación del aspecto material de esta acción se conforma por la presentación del material o con una representación condicional que permita la reproducción de las relaciones esenciales de las cosas, además, el análisis de las acciones mentales previas que permita conocer las habilidades ya adquiridas (Galperin, 1992a, 2001a). En esta etapa, el alumno propiamente participa en el cumplimiento de la tarea, esto lo realiza haciendo uso de las operaciones necesarias. En esta etapa el alumno asimila el contenido de la acción, mientras que se espera que el profesor realice un control objetivo de la adecuada consecución de cada operación que conforma la acción, ya sea a partir de su orientación directa o por medio de algún apoyo material externo.

En esta etapa, además, es importante destacar que el alumno asimila la acción como material o materializada, desplegada, generalizada considerando los tipos de material más sobresalientes y deber ser ejecutada con toda la composición de las operaciones; en este sentido, es necesario que no se haga uso de muchas tareas de un solo tipo para que no se reduzca ni se automatice la acción en este punto (Talízina, 1988). Otro requerimiento de esta etapa es que debe ser parte de una transición; esto es, se puede combinar desde el principio con la verbal, lo cual implica que los alumnos formulen en el habla todo lo que realicen en la práctica de manera material (Talízina, 2002, 2006).

Posteriormente, la formación de su aspecto verbal externo, éste se da una vez que se ha liberado de la “inmediatez” objetal (Galperin, 1992a, 2001a). Entonces ya es posible pasar al plano verbal externo en el que se forma un tipo de representación, el significado toma lugar. Cabe mencionar que en esta etapa la acción pasa por la generalización, pero aun no es automatizada ni reducida y se producen tres cambios esenciales:

1. La acción verbal se estructura no sólo como un reflejo real de la acción realizada con el objeto, sino también como una comunicación verbal de la misma, ya sea a nivel social o personal.
2. El concepto se constituye en la base de la acción, eliminando de esta forma las limitantes que el objeto presenta.
3. Una vez asimilada la forma verbal, se reduce como en una “fórmula”. Así, se hace más consciente sin la necesidad de ejecutar la tarea.

En esta etapa, se observa que el habla se convierte en la portadora de todo el proceso, ya que no sólo implica la comprensión de las palabras empleadas, sino además estas palabras llevan el contenido de la tarea y de la acción. Además, por el uso del lenguaje se pueden presentar nuevas situaciones con condiciones indefinidas que favorezcan la generalización del contenido de la acción. Talízina (1988) menciona que en esta etapa se genera gradualmente una reducción, la cual indica que esta etapa está adquiriendo una nueva forma, ya que se está conformando como parte del lenguaje interno.

Finalmente, la formación de esta acción como un acto mental conlleva que la tarea de comunicación es substituida por el habla para sí, suscitando de este modo la reflexión (Galperin, 1992a, 2001a). En esta etapa se tiende a reducir el aspecto verbal de la fórmula; además, la idea está compuesta por diversas modalidades. También se observa el carácter de automatización, el cual se manifiesta solamente en el producto. Esto sucede porque el proceso es inaccesible a la observación al ser parte de la conciencia (Talízina, 1988) y por ser parte del dominio propiamente mental en el que el producto se da en la práctica.

Los puntos hasta ahora abordados de la formación por etapas de la acciones mentales obedecen a su forma; dentro de la cual es posible observar además su carácter generalizado, su nivel de despliegue, su independencia y su grado de automatización como cualidades primarias de la acción (Talízina, 2006). Aunado a sus cualidades primarias, encontramos las secundarias que refieren básicamente a su conciencia, racionalidad, estabilidad y el plano en el que se encuentran, ya sea externo o interno).

Sin embargo, además de la forma es posible analizar su carácter funcional en el cual se observa su orientación, ejecución, control y grado de corrección (Talízina, 2006). Dentro de estos, Galperin (1992a) destaca el control en el proceso de asimilación, del cual surgen los siguientes requerimientos para la enseñanza: a. En las primeras etapas del proceso de asimilación, el control debe realizarse por operaciones; b. Al principio de la etapa material-materializada y de la verbal externa, el control en la forma externa debe ser sistemático de cualquier tarea por cumplir; c. Al final de estas etapas y en las siguientes, el control debe ser episódico; d. La forma en cómo se realiza el control no es tan relevante como la novedad de esta forma (Talízina, 1988).

En conclusión, esta propuesta de formación por etapas de las acciones mentales demuestra el vínculo entre la actividad externa y la actividad interna, eliminando la dicotomía, ya que se concibe la conformación del plano interno como la transformación de ciertos objetos materiales de la actividad externa hacia la forma interna manteniendo el mismo contenido objetal y permitiendo el desarrollo de nuevo conocimiento y habilidades; destacando el papel orientador que el profesor brinde para la conformación de este proceso de formación. Además de ser una propuesta metodológica altamente aplicable, facilita el abordaje de problemas teóricos psicológicos y pedagógicos que promueven un mayor enriquecimiento de la labor docente y, por ende, el mejoramiento del rendimiento académico de los alumnos al ser una aproximación que al generar conceptos integrados a las formas y sistemas de actividad del estudiante, desarrolla las competencias no sólo para la academia sino para su vida práctica en general.

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[1] Universidad Pedagógica Nacional. Unidad 095 D.F. Azcapotzalco.
[2] Universidad de Guadalajara.

Nación, Nacionalismo y Posmodernidad

Claudia Madrid Serrano*

Introducción
En medio de un intenso debate sobre el resquebrajamiento de los estados-nación, y de la constitución de un discurso fundado en la realidad global o trasnacional, la discusión sobre éstos parece agotada, más por el terreno de los hechos que de los acuerdos. En efecto, todo pareciera apuntar a que en la medida en que han entrado en una profunda crisis que está resultando en su progresiva desaparición, es trabajo improductivo, poco popular y no rentable pensar y discutir sobre la nación y las maneras en que vivimos en ella; si bien la teoría construida al respecto coincide en ciertos elementos conceptuales, abundan las diferencias.
Sin embargo, me parece que justo porque hoy se les mira como evento del pasado o en el mejor de los casos, su existencia está condicionada a su plena inserción en el orden mundial y a su capacidad de apertura, es necesario repensarlas, así como también al proceso histórico en el que se establecieron sus condiciones de posibilidad. Todo ello a la luz de la redefinición cultural de entonces y de ahora.
Este es el sentido del presente trabajo.

I. Sobre la nación y el nacionalismo
Estamos tan acostumbrados a vivir y pensarnos como parte de una nación que suponernos fuera de ella, ahora o en el futuro, sacude nuestra perspectiva de la vida. Como bien apunta Gellner (1998) "un hombre sin nación, no admite un encuadramiento en las categorías condicionadas y mueve a rechazo."
No obstante, venimos aceptando de muy buen gusto la idea de la ineficacia de las fronteras y la necesidad de convertirnos en “ciudadanos globales”. Pero, en realidad ¿se ajusta este criterio en nuestro pensar y hacer cotidiano?
Aceptamos la diversidad cultural considerando que ésta nos pone frente al mundo desde un lugar diferente, pero sigue siendo punto de encuentro el ser mexicano, argentino o chileno. En medio de las vicisitudes del subdesarrollo y del ruborizado reconocimiento del pasado indígena, en la medida en que nos movemos en “territorio nacional” sabremos que –más o menos indígena, más o menos moreno, mulato o negro- somos compatriotas. Ante la visita de extranjeros o en el encuentro con ellos en un paseo, nos complace el hecho de darles una muestra de “la comida mexicana”. Y ante actos vandálicos contra la bandera o alguno de los monumentos de los “héroes nacionales” experimentamos cierta afrenta a nuestro “honor nacional”.
Hechos todos que denotan la profundidad con que hemos naturalizado la pertenencia a la nación, aún cuando tiene una implicación claramente política, tal como anota Benedict Anderson (1993) la nacionalidad es el valor más universalmente legítimo en la vida política de nuestro tiempo.
En este contexto, ¿Qué definición nos permitirá pensar a la nación, al mismo tiempo que entender el fincamiento del nacionalismo, como valor universal, legitimado y sentido socialmente?
Citando nuevamente a Anderson, (1993) la nación y el nacionalismo son artefactos culturales de una clase particular, de modo que para entenderlos habrá que considerar cómo han llegado a ser en la historia, en qué formas han cambiado sus significados a través del tiempo y por qué en la actualidad, tienen una legitimidad emocional tan profunda.
Así pues siguiendo este camino haré una breve revisión de la forma en que lo traza Anderson y Gellner.
Anderson (1993) señala que la creación de dichos artefactos a fines del siglo XVIII, se dio a través de la destilación espontánea de un complejo cruce de fuerzas históricas discretas, pero una vez dadas, se volvieron centrales y con capacidad para ser trasladados, con grado variables de autoconciencia, a diversos terrenos sociales y mezclarse con distintos referentes políticos e ideológicos. Define a la nación como una comunidad política imaginada inherentemente limitada y soberana.
Es imaginada porque sus miembros no se conocerán entre sí, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión.
Es limitada porque incluso la mayor de ellas, tiene fronteras finitas, aunque elásticas más allá de las cuales se encuentran otras naciones.
Se imagina soberana, porque el concepto nació en la época en que la Ilustración y la Revolución estaban destruyendo la legitimidad del reino dinástico, ordenado por la divinidad.
Y se imagina como comunidad porque se concibe siempre como un compañerismo profundo y horizontal.
Y es a partir de esta fraternidad, que se han permitido y promovido millones de muertes. Su pregunta entre ello es, ¿qué subyace en el fondo de estas muertes, producto de la imagen nacionalista? Un elemento para dar la respuesta, son las raíces culturales del nacionalismo.
Ante los emblemas de la cultura moderna del nacionalismo sugiere la afinidad con imaginerías religiosas y entre ésta y el nacionalismo: la muerte.
La permanencia de la muerte lleva al hombre a mantener también presente en forma constante la conciencia de su contingencia, presente como preocupación central en las religiones, ofreciendo como respuesta el destino y la inmortalidad. Así el siglo XIII con su racionalidad trajo consigo el declinamiento del pensamiento religioso y poniendo en contrapartida como una transformación secular de la fatalidad en continuidad, de la contingencia en significado, todo ello plasmado en la idea de nación. Lo que según Anderson, significa que el nacionalismo es entendible si se la alinea con los grandes sistemas culturales que le precedieron, de los que surgió como oposición. A lo que se agrega el cambio en lo modos de aprehender el mundo que permitieron “pensar” a la nación. En los que destaca la concepción de la historia como una cadena interminable de causa y efecto, y de la separación o conjunción entre el pasado y el presente, visualizados en la novela y el periódico como forma de libro y el mercado.
Por un lado, la novela permite la visualización de vidas interconectadas en el inmediato, no separadas espacial y temporalmente.
Por otro lado, la presencia del periódico convierte a los sujetos en lectores diarios conectados e informados entre sí, lo que confirma el continuo del mundo imaginado, arraigándolo en la vida cotidiana.
En cuanto a la relación entre el libro y el mercado, se refiere a que el desarrollo de la imprenta como una mercancía es la clave para la generación de ideas nuevas y simultáneas, que facilita la comunicación “horizontal-secular, de tiempo transverso”. Y que hace a la nación un hecho popular.
En este suceso se hace patente la presencia del capitalismo.
Siendo la imprenta una empresa capitalista, la búsqueda de mercados la lleva a ampliar sus horizontes regionales mientras que al mismo tiempo, la penetración de un mercado que estuviera más allá de la Europa alfabetizada. De modo que una vez saturado el mercado elitista del latín (lectores de élite europeos) se abocó a los mercados de las masas monolingües, que a su vez dio un impulso a las lenguas vernáculas. Impulso que contribuyó a la formación de la conciencia nacional en dos sentidos:
a) La repercusión de la Reforma, que a su vez debía en parte su éxito al capitalismo impreso[1].
La alianza entre protestantismo y capitalismo explotó las ediciones baratas y creó grandes grupos de lectores, particularmente entre comerciantes y mujeres y al mismo tiempo los movilizó para fines político-religiosos.
b) La difusión lenta y geográficamente desigual de las lenguas vernáculas como instrumentos de centralización administrativa. Lo que implicó la elevación de esas lenguas a una posición de poder, siendo en cierto modo competidoras del latín y contribuyó de manera importante a la decadencia de la comunidad imaginada de la cristiandad, dando lugar a la instalación de la otra: la comunidad nacional.
Según estas consideraciones el autor afirma que la interacción entre lo que llama fatalidad de la lengua, la tecnología y el capitalismo contribuyo a la definición de los estados nacionales y a la conformación de la conciencia nacionalista.
Revisemos ahora la posición de Gellner (1991).
La nación es vista como una forma de organización social propia de las sociedades industriales, y es ésta la que engendra las condiciones técnico-intelectuales que la hacen posible.
Para este autor la humanidad ha pasado por tres etapas fundamentales en su historia:
a) preagraria
b) agraria
c) industrial
Pero sólo en la última, se crearon las condiciones que dan pie a los estados nacionales.
En la primera, compuesta por grupos de cazadores-recolectores eran tan pequeños como para permitir el tipo de división política del trabajo que constituye el estado, así el interior de ellos no se plantea la cuestión del estado como una institución especializada y estable que mantenga la sociedad en orden.
En las sociedades agrarias, especialmente las que alcanzan una alfabetización, han tenido un estado, pero éste aparece como una opción, pero su organización social no propicia el principio nacionalista, toda vez que están separadas entre sí horizontal y verticalmente por profundas diferencias sociales.
Sólo en las sociedades industriales no existe opción: el estado es ineludible, lo que trae aparejado el problema del nacionalismo. "Su inicio significa explosión demográfica, urbanización acelerada, migración laboral y penetración de una economía mundial y de un gobierno centralizador –penetración económica y política, por tanto- en unas comunidades hasta entonces más o menos introvertidas."[2]
Un factor que se da en el seno de la transformación hacia la sociedad industrial es la unificación de las ideas en sistemas continuos y unitarios, resultado de la nueva concepción del mundo como algo homogéneo, sujeto a leyes sistemáticas e indiscriminadas y abierto a la exploración de inagotables posibilidades. El mundo entonces se presenta como moralmente inerte y unitario.
Esta sociedad que depende del crecimiento cognitivo y económico constante necesitó de un poder centralizado, de la división social del trabajo compleja y siempre y acumulativamente cambiante. En ella es posible el nacionalismo.
En la medida en que depende del crecimiento hace necesaria la movilidad social y la alfabetización generalizada que permita el suministro de la mano de obra adecuada y profesionalizada para los grados de especialización que la división del trabajo conllevará. De ahí que el acceso a la educación[3] se presente como condición indispensable para lograr el progreso, concepto inventado en la era industrial.
Asimismo, en una sociedad altamente móvil y en crecimiento constante, la figura del estado se refuncionaliza, ahora éste se encargará de proteger a una cultura, pero no a la cultura en general sino a una cultura que se asiente en esta nueva sociedad.



II. Nacionalismo y cultura
¿De qué forma se produce esa cultura?
Gellner (1991) nos dice que la humanidad llega a la era industrial con unas instituciones culturales y políticas que no estaban a favor del nacionalismo. Acomodarlas a los imperativos de la nueva sociedad resultó ser un proceso turbulento.
La pieza clave en dicho proceso fue la alfabetización generalizada para una sociedad movible y estandarizada culturalmente, pues sólo bajo estas condiciones puede funcionar un estado industrial moderno, que sólo puede ser ofrecida a través de un sistema educativo nacional moderno[4]. Además tendrá como objetivo la generalización de una cultura que sea aceptada concientemente por el ciudadano moderno dentro de él, al nacionalista moderno quien quiere concientemente identificarse con una cultura.
Un hecho que se destaca es la relación entre el nacionalismo y la Reforma, toda vez que ésta insiste en la alfabetización y en la escritura (el establecimiento de escuelas populares en amplias regiones europeas) su individualismo y sus vínculos con las móviles poblaciones urbanas, son factores que la convierten en algo que presupone caracteres y actitudes sociales que producen la era nacionalista.
De esta manera se sostiene que bajo el estado nacional moderno o industrial, en la base del orden social no está ya el verdugo sino el profesor. El símbolo y principal herramienta del poder del estado no es ya la guillotina sino el doctorado del estado. Actualmente es más importante el monopolio de la legítima educación que el de la legítima violencia.
La estandarización de la cultura presupone la destrucción y olvido de las otras culturas que pasan a ser parte del pasado encerrado en los museos.
Esta homogenización significa también que la relación entre cultura y política cambia, una cultura avanzada impregna toda la sociedad, la determina y necesita el apoyo de una política. Ese es el secreto del nacionalismo.
Ahora bien, la estandarización y homogenización cultural, sostiene Gellner, tiene su contraparte en la igualación de los sujetos, en parte por las necesidades ocupacionales técnicas de la industrialización, pero también como condición político-cultural necesaria al nacionalismo y en el cual los medios de comunicación encuentran un lugar de relación necesaria.[5]
Finalmente puedo indicar que en cuanto a la relación existente entre cultura y nacionalismo, si bien Anderson y Gellner mantienen una diferencia en cuanto a la manera en que definen a la nación (diferencia que abordo más adelante), la manera en que ésta se fue dando, obedece a factores en ellos coincidentes. La percepción del mundo que cambia de una explicación divina y bajo un principio teológico a la de una explicación racional empirista y científica; el segundo aspecto, es la Reforma en ciertos sentidos:
- Por su insistencia en la alfabetización
- En su relación con la imprenta capitalista que genera el acceso cada vez más en forma masiva al conocimiento de las ideas y a la legitimación social de las lenguas vernáculas.
- Por la promoción del sentido individualista
Hasta aquí podemos contar con dos posturas sobre la nación y el nacionalismo, me interesa pasar ahora a discutir brevemente la manera en que hoy se mira el mundo y que pasa necesariamente por el cuestionamiento de ambos conceptos y su existencia, repensados desde el discurso de la postmodernidad.

III. Transnacionalidad y Posmodernismo
Con respecto a la categoría de lo posmoderno me interesa destacar aquí el hecho de que ésta se sugiere como una despedida de la modernidad y se representa a sí misma como un evento novedoso en la historia, como una nueva figura de representación de esa historia y en ese sentido, esgrimirá una crítica al pensamiento erigido en la sociedad occidental y catalogado como el pensamiento moderno, que obedece a un progresivo desarrollo, desde el cual se puede pensar el cambio de una sociedad tradicional o primitiva a una moderna, caracterizada por un pensamiento racional y donde la idea de progreso es central. Con riesgo de ser simplista, podemos observar como es que estas nociones, junto con la de estabilidad y continuidad están presentes en la noción de cultura y de nación, tal como hemos visto antes.
Así que, este momento histórico se nos aparece representado en una serie de profundas transformaciones políticas, económicas, sociales y discursivas, donde resalta la idea de la fragmentación de los estados, idea que ha llevado en el campo de la antropología y de los estudios culturales a la elaboración de un discurso y un campo de análisis que, o bien asumen o bien toman distancia de la “experiencia posmoderna”. Revisemos a algunos de ellos.
Fredric Jameson (1991) sostiene que vivimos en una condición de capitalismo tardío, en cuya etapa se genera, en el espacio de la cultura, el posmodernismo. Bajo el cual asistimos a una mutación del espacio urbano, transformado ahora en un hiperespacio moderno que consigue trascender la capacidad de los sujetos para organizar perceptivamente el espacio y representarse en el mundo exterior. Rasgos presentes en objetos culturales como el arte y la arquitectura, pero también en la psicología de esos mismos sujetos que anula la posibilidad de unificar el pasado, presente y el futuro de experiencia propia. Sugiere una posible manera de remontarlo a través de un nuevo arte político que tendría que –conservando su objeto fundamental: el espacio mundial del capital multinacional- crear una ruptura con él, representándolo de una manera distinta. Su propuesta parte de una conexión entre el momento histórico, el arte y la cultura; que lleva a tomar conciencia de la necesidad de la construcción de significados en espacios multinacionales.
Por otro lado, para Michael Kearney (1991) vivimos en un capitalismo trasnacional que se caracteriza por la incapacidad creciente de las economías periféricas para absorber el trabajo de su propia mano de obra, teniendo como resultado el flujo hacia las economías industrializadas siendo este uno de los principales elementos que diferencian la era trasnacional de la era moderna.
Este fenómeno implica además un desdibujamiento en las distinciones binarias de la cultura, sociales y epistemológicas de la era moderna; siendo entonces necesario también un replanteamiento del otro, sobre el que se realizaba el fundamento antropológico. Otro elemento más del trasnacionalismo es que el estado- nación es cuestionado en sus principios de unidad: cultural, lingüística y territorialmente, en tanto que la construcción de éste, es indispensable el nacionalismo, como el establecimiento de los límites.
En el mismo tenor, Ulf Hannerz (2001) plantea que bajo una condición real, donde las fronteras se extienden, difícilmente podrían considerarse las fronteras culturales.[6]
Y si bien, tal vez se podrían delimitar las fronteras sociales como pertenencia de una colectividad, hay más elementos políticos y económicos en la definición de un espacio físico, que motivaciones culturales. De este modo, la cultura, es más un flujo, distribuido diferencialmente entre personas que ocupan diversas funciones y espacios, donde la diversidad no desaparece, sino que no está establecida definitivamente y en la medida que los seres humanos cruzan las fronteras entre diferentes grupos, situacionalmente y a lo largo del tiempo, acumulan diversos conjuntos de experiencias, orientaciones, competencias y gustos.
En tanto que para Appadurai (1999) nos movemos en un espacio global en el que la mediación electrónica y las migraciones masivas crean un nuevo campo de fuerza para las relaciones sociales. En el borde de este orden global, el surgimiento de un gran número de fuerzas limitan el funcionamiento de la soberanía nacional, afirmando que si bien puede que la época del estado-nación no haya terminado aún, si ha dejado de ser el único elemento en el gobierno internacional y en el tráfico político trasnacional. Más la globalización no es sólo la denominación de una nueva época en el desarrollo del capital o en la biografía del Estado-Nación, está signada por un papel nuevo de la imaginación en la vida social.[7]
De lo dicho hasta aquí podemos observar que en términos generales existe una aceptación de la existencia de una profunda transformación en nuestra realidad, cuyas características según los autores revisados serían:
· Mayor y abierto flujo de personas, cosas, relaciones entre las naciones
· La fragmentación de las fronteras
· El debilitamiento del Estado-Nación
· La preeminencia de los medios de comunicación
· El enriquecimiento cultural y político en el contexto de una mayor interrelación político-cultural entre los sujetos, a escala global.
· La posibilidad desde la multinacionalidad del capital, de una resignificación del espacio y la creación de una conciencia cultural y política global.
Lo cual nos lleva a la cuestión de preguntarnos ¿corresponde a la modernidad la creación de los estados nacionales y a la posmodernidad, su fragmentación?, ¿cómo repensar ambos problemas desde la antropología? Si bien lo que podemos decir es breve, si me parece que en la medida en que la Antropología (como otras disciplinas sociales) o una parte importante de ella, estuvo fundada en la aceptación de la nación como condición altamente estimada del desarrollo, en su análisis del “otro” (comunidades exóticas, no siempre agrupadas culturalmente en torno a la nación) mantienen el principio de continuidad y significados culturales en bloque, nociones criticadas desde la globalización y por el posmodernismo. Ante ello, pareciera entonces que la tarea de la antropología será la de replantearse conceptos centrales como la nación, el espacio, la cultura y las relaciones políticas, pero ¿es acaso desde el referente de la novedad o del “fin de la historia” como sostiene el discurso posmoderno? o bien como elementos que tienen un largo proceso histórico y cuya lógica esencial sigue estando directamente conectada a la persistencia de un sistema sociopolítico y económico que ha pugnado por la homogenización y estandarización de los sujetos y la cultura a través de la educación como afirma Gellner, pero también como insinúan él mismo y Anderson, mediante la destrucción y refuncionalización de las culturas tradicionales.

IV. Consideraciones finales
Atendiendo a la definición de Anderson, sobre la nación como una comunidad imaginada, nos vemos tentados a pensar que el estado-nación tiene una existencia real sólo en un sentido territorial y político, pero que reconstruye las relaciones sociales y simbólicas de los sujetos bajo la circunstancia de una necesidad, especialmente ahora, más psicológica que objetiva, toda vez que la percepción de contingencia y vínculo genético parecen exacerbar el sufrimiento humano. En tanto que bajo la consideración de su debilidad (de los estados nacionales) y por tanto en el replanteamiento de las fronteras territoriales y culturales, juega un papel determinante la imaginación, con lo cual estaríamos acercándonos a Appadurai pero desde la perspectiva contraria, pues éste afirma que si bien los estados-nacionales no han desaparecido sí han dejado de ser el único referente en la organización política global y que en este contexto, la imaginación ayudaría a la resignificación cultural.

Vistas las cosas de esta manera, un cambio importante estará gestándose desde la cultura, siendo ésta quien estaría en mejor posición para develar las explicaciones sobre las tendencias hacia las que vamos y de las cuales se podrían deducir acciones para organizar de mejor manera la vida social.

Más si consideramos al estado-nación como una organización social, producto de la sociedad industrial, como sostiene Gellner, estaremos considerando algunas líneas coincidentes y de continuidad entre aquellos que caracterizan a la actual etapa como una etapa postindustrial, donde por tanto, éstos (estados-nación) han sido rebasados pues lo necesario a dicha etapa no son los estados nacionales sino el espacio trasnacional. De modo que por ahí, la posibilidad de desestructurar el nacionalismo provendría más de esta condición económico-material que del espacio de la cultura. En la que por supuesto, siguiendo el argumento de Gellner, el sistema educativo debería estar dirigido a dicho propósito.

Mientras que si nos ubicamos en el punto en el que tanto Gellner, como Hannerz y Appadurai coinciden y es que el establecimiento de las fronteras y los límites territoriales, recordando a Kearney, obedecen a factores que no corresponden a necesidades de carácter cultural y que en este ámbito, el de la cultura, no es posible definir fronteras, plantearía que nos encontramos frente a un momento decisivo para la vida de los sujetos y que ofrece más elementos positivos que los que trajo consigo el nacionalismo y que estarían dados por el hecho de que el resquebrajamiento de los estados nacionales, con toda la carga de desencanto que ello ha implicado abre la posibilidad para la creación como se señala antes no sólo de la creación de una conciencia cultural y política global, sino en ese sentido un verdadero reconocimiento a la heterogeneidad cultural y al enriquecimiento que ésta aporta a la experiencia objetiva y subjetiva, humana.

Así las cosas ¿qué es válido agregar a la conceptualización de la nación y del nacionalismo?

Si bien coincido con Gellner en que el estado-nación sólo puede ser posible ahí donde la sociedad se organiza bajo una división del trabajo que obedece a un proceso de industrialización, así como que la estandarización de la cultura y el principio de igualdad social no provienen, el uno sólo de la educación y el otro no significa disminución de las diferencias sociales. En todo caso me parece que el proceso bajo el cual se asienta el nacionalismo opera con una lógica contradictoria: si bien la educación juega un papel de reforzamiento de la estandarización cultural en las sociedades contemporáneas, también aporta beneficios en cuanto al desarrollo científico, cuyos resultados se traducen en una mayor y mejor comprensión de la realidad, así como en la posibilidad de un mejoramiento de las condiciones de vida de la población por la producción de una riqueza mayor no registrada hasta ahora en la historia humana, aún y cuando por la naturaleza del actual sistema económico, esto se mantenga por ahora sólo en el nivel de la posibilidad. Y por ello vale recordar a Carl Sagan (2002) cuando declara que cualquier intento de elaboración teórica no es una pérdida de tiempo, toda vez que contribuye en una u otra forma al desarrollo del conocimiento.

En el mismo sentido (sobre la estandarización de la cultura) a la relación que Anderson establece entre la imprenta y el mercado, considero que por lo menos en cuanto a un mecanismo de nuestras sociedades donde el mercado capitalista ocupa un lugar tan importante (y en muchos sentidos determinante) la necesidad creciente de mercados, como producto de una también creciente producción, acelerada a partir de la Revolución Industrial, lleva a las empresas a internacionalizarse, pero también a producir ciertos hábitos de consumo culturales que se expresan en la comida, en la ropa, en el arte, que como vimos tuvo efectos positivos, pues puso al alcance de grandes masas de la población el acceso a las ideas escritas, pero que en última instancia provocan una transformación en los sujetos no siempre con los mismos resultados: la desaparición de pautas de consumo más sanas, la alteración material de los objetos de consumo; la determinación indirecta de los objetos de consumo cultural, por ejemplo en el cine en México por la difusión de películas norteamericanas en un mayor nivel que las de otros países y que no es siempre por calidad. Todo ello como tentativa de estandarización.

El hecho de que el nacimiento de los estados-nacionales conllevara la formulación de principios de igualdad, justicia, libertad y propiedad (principios resultantes del Contrato Social roussoniano) no ha significado necesariamente su concreción. Más bien, considero que presente más ventajas una relación económica signada por figuras jurídicas iguales y libres: la relación trabajo-capital. Iguales, pues sólo entre ellos puede establecerse una relación laboral, validada social y legalmente. Libres porque a diferencia del esclavismo, el sujeto trabajador es responsable de su producción y reproducción material, hecho que es altamente conveniente a una figura económica cuyo desarrollo está fundado en una minimización de los costos y maximización del beneficio, y cuyo pivote central es la extracción de trabajo excedente. De este modo la igualdad, opera sobre una base meramente formal y oculta la condición de desigualdad bajo la cual se funda el capitalismo, sistema en el que se gestan los estados nacionales.

Finalmente, ¿estamos o no ante una fase de debilitamiento de los estados-nacionales? Desde mi punto de vista, la idea de los estados nacionales fuertes y proveedores, con su contraparte ideológica y cultural, estuvo centrado más en un discurso oficial, particularmente en la época del estado benefactor, así como también ha estado presente en la construcción del discurso que ha acompañado su existencia y que como dice Gellner, nos ha dejado la idea de que el nacionalismo es el despertar y la confirmación de estas unidades míticas supuestamente naturales, más que una realidad construida social y culturalmente y por tanto, observable como hecho histórico, pero que proporcionaron contenido intelectual e ideológico a un sistema económico basado en la explotación y usado sistemáticamente para legalizarlo.

Por ello si bien cuestiono la idea de que vivimos en una etapa posmoderna, sobre todo cuando se ha acompañado con la tesis del “fin de la historia” pues lo que con ello se indica es que hemos alcanzado como humanidad la más alta fase de desarrollo y por tanto la última, si me parece que el momento actual, con todo y sus violentas contradicciones, ofrece mayores posibilidades de desarrollo social y cultural, donde la crítica a los nacionalismos –por la ideología del crimen que los ha acompañado- pero también de reconocimiento de que a su interior y bajo su bandera se han desarrollado luchas populares honestas, se torna urgente e importante, especialmente en la revelación de otras verdades que nos permitan relacionarnos de una forma más humana y libertaria desde la experiencia inmediata con el otro, que desestructure el discurso etnocéntrico y profundamente diferenciador que ha estado presente en las Ciencias Sociales y que de una u otra manera ha tomado cuerpo en nuestros actos cotidianos y políticos.

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Sagan, Carl, El mundo y sus demonios; Ed. Planeta, México, 2002.



* Profesora de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad 095 D.F. Azcapotzalco.
[1] “antes de la época de la imprenta, Roma ganaba fácilmente todas las guerras libradas en contra de la herejía en Europa Occidental porque siempre tenía mejores líneas de comunicación interna que sus enemigos. Pero en 1517, cuando Martín Lutero clavó sus tesis en las puertas de la catedral de Wittenberg, tales tesis estaban impresas en una traducción alemana, y en el término de 15 días (habían sido) vistas en todos los rincones del país. En los dos decenios de 1520 a 1540, se publicaron en alemán tres veces más libros que en el periodo de 1500 a 1520, lo que constituye una transformación asombrosa en la que Lucero ocupaba un lugar indiscutiblemente central. Sus obras representaban no menos de un tercio del total de los libros en idioma alemán vendidos entre 1518 y 1525. entre 1522 y 1546 apareció un total de 430 ediciones (totales o parciales) de sus traducciones bíblicas (…) Lucero se convirtió en el primer autor de éxito de librería hasta entonces conocido. O dicho de otro modo: el primer escritor que pudo vender sus libros nuevos por su sólo nombre” Anderson op. Cit. P 66.
[2] Gellner, op. Cit. P 62
[3] Como educación se refiere a ese conjunto de fundamentos que hace a un hombre competente para ocupar la mayoría de los puestos normales en una sociedad moderna y que le permite moverse con facilidad en este tipo de medio cultural. Ibíd. P. 119
[4] “El grado de alfabetización y competencia técnica que se exige como moneda corriente conceptual es un medio estándar a los miembros de esta sociedad para tener posibilidades reales de empleo para gozar de una ciudadanía honorable plena y efectiva es tan elevado que no puede ser proporcionado por unidades de parentesco o locales sólo lo puede hacer algo similar a un sistema educativo “nacional” moderno” Ibíd. p. 52.
[5] “Los constantes cambios ocupacionales reforzados por la relación de la mayoría de los trabajos con la comunicación y por la manipulación de significados más que de objetos propician cuando menos una cierta igualdad social o disminución de las diferencias sociales y la necesidad de un medio de comunicación estandarizado realmente común a todos. El igualitarismo moderno y el nacionalismo tienen su base en estos factores.” P. 146
[6] Consideración ya hecha por Gellner cuando afirma: “los factores que determinan las fronteras políticas son completamente distintos a aquellos que determinan las culturales”, op. Cit. P. 27
[7] “Ésta expresada con fuerza en las pautas de consumo, estilo y gustos ha dejado de ser un asunto individual, de escapismo de la vida cotidiana o simplemente una dimensión de la estética. Se trata de una facultad que interviene en la vida cotidiana de las personas normales de diversas maneras: es la facultad que permite a las personas considerar la emigración como remedio para resistir a la violencia del Estado, buscar compensaciones sociales y diseñar nuevas formas de asociación cívica y colaboración, a menudo más allá de las fronteras nacionales”