7 de enero de 2008

Los saberes tradicionales y la Educación Ambiental: El caso de las mujeres de la cuadrilla Guadalupe Amuzgo, Oaxaca

Blanca Santamaría Ramírez*

Resumen
Hoy que los pueblos indígenas han levantado su voz mas fuerte que nunca exigiendo la reivindicación de lo que consideran sus derechos, a la vez que hacen patente su identidad indígena-mexicana, reclaman al Estado mexicano reconozca su pluralidad étnica, religiosa, lingüística; lo que hace necesario desarrollar nuevas formas políticas y culturales bajo las cuales la sociedad se reorganice para dar cabida a la diversidad y al pluralismo. Estos pueblos ya no se encuentran únicamente en resistencia ante el estado homogenizador, quién a partir de la Constitución de 1917 ha reconocido algunos derechos, sino que ahora también hacen frente a un enemigo mucho más agresivo que es la globalización, ante él cual confrontan grandes riesgos en la pérdida acelerada de su sociedad, cultura y recursos naturales. Por eso es importante reconocer, rescatar, preservar y fortalecer el patrimonio cultural, social y de biodiversidad de los pueblos indígenas como un elemento clave para sus propias estrategias de desarrollo.

El acopio de una gran riqueza de Saberes Tradicionales en las comunidades indígenas que se enriquecen ciclo a ciclo, se transmiten por la tradición oral de generación en generación y se corresponden con la cosmovisión de las comunidades permitido la subsistencia alimentaría con técnicas tradicionales (Gómez, 2000) El olvido de estos sistemas tradicionales ha generado cambios en la manera de concebir la educación y de enfocar problemas por lo que aparecen nuevos paradigmas teóricos y metodológicos que han conducido a una crisis ambiental (Toledo, 1989).

En el contexto de la crisis ambiental y bajo el supuesto de que en las comunidades indígenas, se conservan y practican Saberes Tradicionales Ambientales con bajo impacto hacia sus recursos naturales; resulta de gran valor el papel que tiene la mujer indígena en su sociedad, al ser portadora de un conocimiento milenario sobre la flora y fauna, el clima, el recurso hídrico y de suelos del lugar. Ante ello, se propone en este trabajo un marco conceptual para el abordaje de estos saberes, una respuesta de sistematización e interpretación de los mismos, y con base en ellos la instrumentación de una intervención pedagógica no formal de educación Ambiental en la cuadrilla La Guadalupe Amuzgo, Oaxaca, con las mujeres indígenas de la comunidad.

En lo personal, la importancia de una intervención pedagógica de educación ambiental en la comunidad indígena “La Guadalupe” Amuzgo, Oaxaca, radica en que la educación ambiental como proceso que se ha permitido estudiar la complejidad ambiental, podrá dar respuestas a las causas de los síntomas de la crisis ambiental manifiesta en dicha comunidad. Buscando conjuntamente (comunidad-investigadora) el análisis crítico de los problemas socio-ambientales y su relación con los modelos de gestión y las acciones humanas, mismos que permitirán vislumbrar las soluciones viables de abordar por las y los participantes en dicha intervención.

Los pueblos indígenas de América Latina, son herederos de un rico patrimonio cultural, a pesar de haber tolerado desde la época de la conquista, el despojo de sus tierras y territorios ancestrales y la negación de su identidad étnica, lingüística y cultural; dando muestra de una gran vitalidad al haber sobrevivido y demandar en estas últimas décadas su reconocimiento como pueblos en todos los estados[1]

La definición de quien es y quien no es indígena, ha sido objeto de intenso debate. Sin embargo instrumentos internacionales como el Convenio 169 de la OIT, el proyecto de Declaración Americana de derechos de los Pueblos Indígenas, han adoptado definiciones similares. Definiendo como indígenas a los descendientes de los habitantes originarios de una región antes de la colonización y que han mantenido total o parcialmente sus características lingüísticas, culturales y organización social. Además de la auto identificación como criterio fundamental para determinar quien es Indígena.

Los pueblos indígenas ya no se encuentran únicamente en resistencia ante el Estado homogenizador, quién a partir de la Constitución de 1917 ha reconocido algunos derechos, sino que ahora también hacen frente aun enemigo mucho más agresivo: la globalización. Misma que pretende describir la realidad inmediata como una sociedad planetaria, más allá de fronteras, barreras arancelarias, diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas y condiciones socioeconómicas o culturales. Surge como consecuencias de la internacionalización cada vez mas acentuada de los procesos económicos, los conflictos sociales y los fenómenos político-culturales. Bajo este contexto los pueblos indígenas enfrentan grandes riesgos de una pérdida acelerada de su sociedad y su cultura. Por lo que es importante reconocer, rescatar, preservar y fortalecer el patrimonio cultural, social de los pueblos indígenas como un elemento clave en sus propias estrategias de desarrollo con identidad y como un aporte en el proceso de búsqueda de soluciones a los grandes desafíos que enfrenta el mundo.
En ese mismo orden de ideas, el desarrollo en las comunidades indígenas no debe significar la imposición de proyectos y sistemas ajenos, desapropiados, insostenibles y destructivos, sino: un desarrollo fundamentado en el respeto a la naturaleza y el derecho de los Pueblos Indígenas a participar como sujetos colectivos en su propio destino, acorde a su cultura, organización socioeconómica, valores, conocimientos y potencialidades. Y la demanda a los gobiernos para emitir una legislación que proteja y garantice los conocimientos, prácticas tradicionales de los pueblos indígenas[2].

Al respecto, la visión de los indígenas al desarrollo está impregnada por su cosmovisión la cual considera a la naturaleza como un todo, que abarca lo material, lo espiritual y humano; es la vida misma y no puede ser utilizada para enriquecerse individualmente. Esta cosmovisión tiene una serie de principios que parten de la idea de que se debe cuidar y respetar al conjunto de seres vivientes que coexisten en el ecosistema, conservar y fomentar la tierra, proteger los productos de consumo humano, para mejorar el nivel de vida de la familia y de la comunidad; proteger los recursos no renovables, incentivar a la comunidad para que cuide su propio ambiente, socializar a nivel de la organización y las comunidades acerca de la conservación del entorno como garantía de una vida digna tanto para las actuales generaciones como para las futuras.
El uso de tecnologías y prácticas tradicionales son necesarios y deben ser combinadas con tecnologías modernas, los proyectos de desarrollo deben recoger las necesidades y problemas de cada pueblo, partiendo de una base sostenible y económicamente adecuada a sus características sociales y culturales[3].

Género y educación
En los pueblos indígenas las mujeres indígenas enfrentan más obstáculos que los hombres para salir de la pobreza no solo sufren la exclusión y discriminación por la sociedad dominante, sino que su trabajo es considerado como “ayuda”, mientras que los hombres son los que ”trabajan”; lo que resalta una división sexual y generacional del trabajo muy marcado, sin embargo en la practica cuando los hombres se ausentan las mujeres asumen la mayor parte de las tareas “masculinas” adicionalmente a las propias. Acevedo, M. L. (1982:139-142)

La mujer indígena vive y se desarrolla dentro de la familia, su posición al interior de la misma está claramente determinada por la cultura del grupo. Son hijas, hermanas, madres, ancianas; en cada caso tienen bien definida no solamente su posición sino también su rol. Debe atender la casa, cultivar el huerto, cuidar de los animales, etcétera. Se le permite asistir a la escuela por 6 años consecutivos, no es una práctica común en el mundo del indígena, por eso, no todas las niñas o adolescentes que van a la escuela terminan. En caso de que la familia tenga la posibilidad de enviar algún hijo a la escuela, es el varón el elegido, al fin que ella “no lo necesita”; es el trabajo femenino en la casa, la huerta, como sirvienta, el que requiere la familia lo que determina que ella asista a la escuela.

La mujer indígena cuando contrae matrimonio, sus obligaciones son mayores y más pesadas. Debe hacerse cargo de todas las tareas de la casa, del cuidado y educación de los hijos. Organizar el trabajo de los hijos, recolectar y garantizar el abasto doméstico de combustible (leña), acarrear el agua junto con los hijos, hacerse cargo de la huerta y de los animales del corral, colaborar con el marido en la milpa. Y cuando el hombre busca trabajo y se contrata como peón agrícola asalariado fuera de su comunidad, la mujer se hace cargo de su hogar, de las actividades agropecuarias y de la educación de los hijos. Otro campo para la mujer es el comercio, en ciertos grupos ella debe comercializar y/u organizar la venta de los productos de la milpa, de las artesanías y de la huerta[4].

Morales A. referido por De Emilio, A. L. (1989) menciona que con el uso del lenguaje, las mujeres preservan una gama de conocimientos relativos a la percepción y categorización de la realidad que no necesariamente coincide con aquella del mundo hispano parlante y a esto le añade el respeto a las reglas tradicionales que definen los sistemas de comportamiento y las relaciones sociales internas de la comunidad. En este sentido, en un mundo afectado por profundos cambios socio-económicos y culturales, las mujeres aparecen casi como un “depositario” de la tradición es la “memoria histórica” del grupo. De Emilio, A. L. (1989:157-161)

Los saberes tradicionales
Refiere López, A. A. et al (2005:239-244) que las sociedades mesoamericanas tuvieron entre sus factores mas sólidos de su unidad de producción y sobre vivencia común del conocimiento: la sabiduría agrícola, la pericia en la explotación de los recursos naturales, las formulas para la medición del tiempo y el arte de la medicina mismas que viajaron por las vías del trueque, haciéndose cada vez mas fuertes por la experiencia compartida y la variedad geográfica; que así como la comunicación entre los pueblos y la concurrencia de las prácticas diversificadas enriqueció el conocimiento, también hubo carencias desfavorables al comparar su tecnología con la que se manejaba en los pueblos de niveles semejantes en organización social, urbanismo o desarrollo artístico. A pesar de lo anterior los mesoamericanos alcanzaron altas densidades de población y solucionaron sus necesidades de subsistencia principalmente a que sumaron a sus conocimientos agrícolas la alta organización del trabajo y la diversificación de fuentes de abastecimiento.

Los saberes tradicionales de las comunidades campesinas se van enriqueciendo ciclo a ciclo, transmitiéndose por tradición en forma oral y se corresponden con la cosmovisión de las comunidades ello ha permitido la autosuficiencia alimentaria de las familias campesinas más pobres, para quienes las ventajas comparativas y las fluctuaciones de los precios en el mercado internacional son irrelevantes por lo que siguen sembrando maíz con técnicas tradicionales Toledo, V. M. (2000:99-135) el olvido de estos sistemas tradicionales ha generado cambios en la manera de concebir la educación y de enfocar problemas por lo que aparecen nuevos paradigmas teóricos y metodológicos que han conducido a una crisis ecológica. Toledo, V. M. (1989:115-203) La visión mecanicista que se ha implantado en las comunidades indígenas y rurales es con base en sistemas dependientes de insumos externos, con un enfoque productivista[5], a partir de la explotación de la naturaleza, sin considerar los saberes locales, lo que se ha traducido en pérdida de autosuficiencia alimentaria y crisis ambiental. En este contexto, los Saberes Tradicionales, aportan elementos básicos en los ámbitos de la conservación y la biodiversidad, las sociedades indígenas tienen un amplio conocimiento ecológico y han generado sistemas cognitivos sobre sus recursos naturales. Toledo, V. M.(2002)

La mujer y los saberes tradicionales ambientales
Dentro de ese mismo orden de ideas es preciso considerar el papel que las mujeres desempeñan en el proceso de socialización primaria de las nuevas generaciones, es decir, en el proceso de interiorización de la realidad social por parte de los niños. Ellas garantizan mayores efectos multiplicadores cuando menos en los primeros años de vida de un niño. Como depositaria de tan antiguos conocimientos la mujer hace uso de ellos en todas las etapas de desarrollo crecimiento de su familia, de la comunidad de medio en general.

El mundo oral despierta (a la memoria) mediante la representación, reproducción e intercambio de conocimientos a través de experiencias que, al irse trasformando en comunitarias, conforman redes de saber colectivo. La acción mediante la cual se ponen en práctica conforma una serie de estrategias, de habilidades, que bien pueden entenderse como una pedagogía comunitaria, ya que se basa principalmente en la experiencia y las prácticas de enseñarse que hacen del trabajo, y que dan sentido a los saberes. El saber indígena viene de prácticas comunitarias del saber ser, saber estar y saber dar uso, de un mundo que se reconoce de la convivencia y de las prácticas (Gómez M. M. (2000:257)

Los saberes tradicionales[6] son, de esta manera, en su totalidad los conocimientos y prácticas utilizados en el manejo de las facetas socioeconómicas, espirituales y ecológicas de la vida. Las categorías de conocimientos incluyen: las agrícolas, meteorológicas, ecológicas, de gobierno, de bienestar social, medicinal y farmacéutico, legal y jurisprudencial

Educación Ambiental
Los nuevos escenarios apuntan a la redimensión de la educación ambiental como proceso ante la pobreza, las modalidades de consumo, los problemas de población, salud, economía, desarrollo social y humano, paz y seguridad, así como a la democracia y los derechos humanos como premisas fundamentales en el proceso de gestión educativa ambiental Porto (2000:75). Abrirnos a la posibilidad de construir una educación ambiental para este milenio implica crear y diseñar espacios educativos, sociales, culturales y ambientales que permitan el intercambio y la pluralidad de saberes en el camino sugerente de vislumbrar un ser humano que comprenda e integre la complejidad del mundo. Río+10 (1992)

Los problemas ambientales son resultado de acciones concretas, son un mosaico de pequeñas o grandes acciones de aprovechamiento excesivo o de descuido y/o de destrucción. Acciones determinadas por los modelos de producción y consumo y por los hábitos de vida, especialmente los de la sociedad occidental. Resolver los problemas ambientales o, mejor aún, prevenirlos implica la necesidad de ir cambiando cada acción, de manera que se modifiquen los efectos de nuestra actividad individual y colectiva, para obtener un nuevo mosaico de fuerzas encaminadas en una dirección distinta: la sustentabilidad.

Ante esto el reto de la educación ambiental es, promover una nueva relación de la sociedad humana con su entorno, a fin de procurar a las generaciones actuales y futuras un desarrollo personal y colectivo más justo, equitativo y sostenible, que pueda garantizar la conservación del soporte físico y biológico sobre el que se sustenta.

Por ello la educación ambiental es, ante todo, educación para la acción. Actúa ampliando nuestros conocimientos y conciencia acerca de los impactos de la actividad humana sobre el medio, pero con el objetivo último de mejorar nuestras capacidades para contribuir a la solución de los problemas (Libro Blanco de la Educación Ambiental en España 1999)

La educación ambiental trata, finalmente, de desarrollar competencias para la acción, capacitando no sólo para la acción individual sino también para la colectiva, especialmente en los procesos de planificación y de toma de decisiones, de búsqueda de alternativas y de mejora del entorno. Estos objetivos pueden alcanzarse fomentando experiencias que sean, en sí mismas, educadoras y enriquecedoras; creando espacios de reflexión y debate; implicando a la gente en actuaciones reales y concretas; estimulando procesos de clarificación de valores, de adopción de decisiones negociadas y de resolución de conflictos.

En otro orden de ideas, dentro de las estrategias educativas indígenas más significativas, está la interacción entre la persona que aprende y la que enseña; en esa convivencia educadora, se aprende principalmente “mirando hacer”, no se enseña explicando; la acción no esta en el verbo, sino en el acto, en la manifestación, de ahí que en el mundo comunitario se aprende y enseña haciendo, se construye desde las experiencias. Para Gómez, M. M (2000) la paciencia y el silencio son cualidades que tienen su origen en la memoria histórica y van conformando la disciplina del aprendizaje indígena, el aprendizaje de lo necesario. Ante estos señalamientos refiere el sentir de las personas que por situaciones de trabajo hemos estado en las comunidades.

El sentido común juega un papel decisivo en las formas culturales que caracterizan la socialización y el sentido de pertenencia comunitaria, ya que permite valorar el significado útil de las cosas. Para enseñarse se requiere saber estar ahí, sentirse parte del proceso comunitario; se requiere paciencia, disposición y una buena dosis de sentido colectivo que estimule la experiencia. Los saberes útiles pasan a ser patrimonio de la comunidad y de quién se enseña, se espera que regrese ese saber a su comunidad.

Apoyando lo anterior, Enrique Leff (2002:274) puntualiza sobre la educación ambiental que conlleva una nueva pedagogía, y surge de la necesidad de orientar la educación dentro del contexto social y en la realidad ecológica y cultural donde se sitúan los sujetos y actores del proceso educativo, continúa argumentando…

Una pedagogía del ambiente implica enseñanzas que se derivan de las prácticas concretas que se desarrollan en el medio; pero también comenta que no deben conducir a un empirismo y pragmatismo, sino a valorizar la necesaria relación entre teoría y praxis. La inscripción de los principios de esta nueva racionalidad en la construcción de un nuevo saber y en los procesos de aprendizaje, vinculados a una concepción de la realidad, son materia de una pedagogía ambiental. Ello lleva a internalizar los principios y valores ambientales en los contenidos y prácticas del proceso educativo.

Es así que la educación ambiental, se ha concebido como una estrategia que genera en las personas y en las sociedades cambios significativos de comportamiento y resignificación de valores culturales, políticos, sociales, económicos, ecológicos, promueve la adquisición de hábitos, conocimientos, actitudes, con el fin de reestablecer las condiciones de interacción hombre-hombre y hombre-naturaleza. Finalmente alcanzar una convivencia armónica entre seres humanos con su ambiente. Convivencia que los pueblos indígenas han experimentado a través de su historia.

En función de lo anterior parto de que para mi la educación ambiental es el proceso continuo y permanente de enseñanza-aprendizaje por el que transita o debe transitar todo ser humano, que le permita un desarrollo integral y armónico en relación al contexto natural o construido en el que se encuentre, mediante una inserción conciente y comprometida socialmente y que busca una transformación de la realidad para su bienestar y beneficio, así como para la sociedad del cual forma parte promoviendo un cambio de actitud ante la vida.

Ante este panorama la educación comunitaria entorno a lo ambiental juega un papel muy importante para alcanzar los objetivos trazados; ya que estos procesos de educación y formación habrán de permitir una participación más activa y efectiva en la solución de problemas ambientales y la reorientación del manejo de los recursos naturales hacia un desarrollo sustentable[7].

El concepto de sustentabilidad[8] se funda en el reconocimiento de los límites y potencialidades que tiene la naturaleza, así como la complejidad ambiental, y con ello inspirar una nueva comprensión del mundo para enfrentar los desafíos de la humanidad. Promueve una alianza naturaleza-cultura fundando una nueva economía, reorientando las potenciales de la ciencia y la tecnología o construyendo una nueva cultura política fundada en una ética de la sustentabilidad –en valores, creencias, sentimientos y saberes- que promuevan los sentidos esenciales, los modos de vida y las “nuevas formas de habitar el planeta tierra”.

Así mismo, nos refiere Manchineri (2002) sobre la ética para la sustentabilidad, que es una ética de la diversidad donde se conjuga el “ethos”.

El Ethos de un pueblo es el tono, el carácter y la calidad de vida, su estilo moral y estético; la disposición de su ánimo, se trata de la actitud subyacente que un pueblo tiene ante si mismo y ante el mundo que la vida refleja. Su cosmovisión es su retrato. Es su concepción de la naturaleza, de la persona, de la sociedad .Goentz, (1991:118)

De acuerdo a esto, la ética para la sustentabilidad comprende el volver a crear los saberes ancestrales y la generación de nuevos saberes, capaces de comprender las complejas interrelaciones entre la sociedad y la naturaleza. Luego entonces, “el saber ambiental” reenlaza los vínculos indisolubles de un mundo interconectado de procesos ecológicos, culturales, tecnológicos, económicos y sociales. Este cambia la percepción del mundo basada en un pensamiento único unidimensional, que se encuentra en la raíz de la crisis ambiental (idem)
Si tomamos como referencia una de las primeras definiciones de educación ambiental (Seminario Internacional de Educación Ambiental de Belgrado, 1975) se observa que los objetivos que ésta pretende se basan en "Lograr que la población mundial tome conciencia sobre el medio ambiente en el que vive y se interese por él y sus problemas y que adquiera los conocimientos, aptitudes, actitudes, motivaciones y comportamientos necesarios para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales y para prevenir los que pudieran aparecer en lo sucesivo."

Por ello cabe mencionar, que la educación ambiental parte de un juicio y una toma de postura concreta basada en la idea de que la sociedad actual en la que vivimos se enfrenta a una serie de problemas o retos ambientales que necesitan de una urgente intervención social. Las diferentes actuaciones educativas que deseamos llevar a cabo en educación ambiental deben plantearse tomando como punto de partida el análisis de esos problemas ambientales más próximos e inmediatos al individuo para que éste se implique de forma directa en la solución de estos problemas. La educación ambiental no va a tener el mismo peso y orientación en estas alternativas y va a desempeñar tareas muy diferentes en función de los colectivos o instituciones que la promuevan.

De ahí que se debe buscar provocar experiencias significativas en los oyentes y/o educandos bajo un proceso participativo, fundamentándose sobre una base conceptual ambiental que proporcione comprensión sobre los procesos y nexos existentes en el ambiente. Por tal razón resulta necesario que los programas educativos ambientales, no solo deban enfocarse sobre los medios, sino establecer los fines e identificar los mensajes (y por lo tanto los contenidos) de esos programas.

Esta ideas quizá apunte al reencuentro de la educación ambiental con su base ambiental, pero no como un simple aprendizaje de conceptos, sino como forma de darle significado a la vida y a la acción humana. Álvarez, A. I (2002). Quizá sea necesario empezar a decir que la educación ambiental deberá “educar para pensar ambientalmente y actuar socialmente” Las comunidades tienen que ser estimuladas de una manera que construya sobre lo que tienen –incluyendo sus conocimientos, sus habilidades y las competencias que han adquirido a través de generaciones
Por ello convencida de que la educación ambiental es un proceso continuo y permanente de enseñanza-aprendizaje por el que transita o debe transitar todo ser humano, que permite un desarrollo integral y armónico en relación al contexto natural o construido en el que se encuentre, mediante una inserción conciente y comprometida socialmente y que busca una transformación de la realidad para su bienestar y beneficio así como para la sociedad del cual forma parte, considero que el proyecto por el que apuesto mi grado académico, será un elemento que me permita confirmar que para grandes males hay grandes soluciones y esta solución está en la educación ambiental.

Metodología
Este anteproyecto planea estructurar su participación a nivel campo utilizando la investigación participativa (Diagnóstico Participativo), tanto para identificar los problemas como las alternativas de solución. Este método se aplica para obtener datos y para analizarlos y al mismo tiempo involucrar la población local.

Al utilizar los métodos participativos se asume que cualquier esfuerzo orientado a revertir los procesos de degradación o a la recuperación de recursos naturales –o el manejo sustentable de ellos- resulta inseparable de la intervención activa de la población local. La investigación participativa permite la apropiación efectiva por parte de la gente del proyecto mismo y de sus resultados y al mismo tiempo desarrolla la capacidad local para encarar problemas. La participación en la obtención de la información y en las decisiones relativas a la intervención, facilita la participación en la ejecución de acciones previstas en el proyecto.

La metodología a utilizar para este proyecto de divide en dos fases I) de escritorio y II) en campo. La primera contempla dos momentos: a) fase heurística que será de tipo documental donde se procede a la búsqueda y recopilación de las fuentes de información que pueden ser de muchas características y de diferente naturaleza como: anuarios, monografías, artículos, investigaciones aplicadas, filmaciones, trabajos especiales, entre otros y b) segundo momento fase hermenéutica; de las fuentes de tipo documental se leerá, se analizará, se interpretará y clasificará de acuerdo con la importancia que reviste el trabajo, para categorizar el análisis (ver diagrama siguiente)


Una segunda fase fundamentada en el Diagnóstico Participativo es un método que permite identificar los problemas de la comunidad y planificar actividades para su solución con la participación de la comunidad, Dado que el DPA se hace en y con la comunidad misma, se basa en información lo más cercana y directa posible a la realidad local, que incluye su cosmovisión, el conocimiento local, sus valores culturales y sus necesidades Esta metodología participativa permite en una forma rápida y sistemática la:

Descripción y análisis de la comunidad y su contexto
Identificación de problemas y potenciales soluciones
Programación de actividades para la ejecución de proyectos.

Las dos primeras áreas permiten describir y analizar desde el punto de vista de la comunidad las características y condiciones de la misma, incluyendo la identificación de sus problemas y potenciales soluciones. Esto facilita la identificación, preparación y diseño de proyectos comunitarios que viabilicen la autogestión y el desarrollo sustentable, basados en su realidad y en los criterios propios de sus habitantes.

Permite una sistematización que proviene de la memoria colectiva y tradición oral de la comunidad, los cuales son “sacados a flote” colectivamente y sistematizados “en el papel”, esto hace posible recuperar y reconstruir “la historia” de la comunidad. El dibujo simbólico constituye un medio útil para que los portadores del conocimiento tradicional expresen su visión holística sobre los procesos naturales y logra profundizar el rescate con aclaraciones posteriores. Además la recuperación del conocimiento tradicional supone observación directa de las distintas prácticas de manejo de los recursos naturales durante todo el ciclo anual.

Toda intervención socio ambiental tiene cuatro fases fundamentales estrechamente conectadas, que en algunos casos se superponen: la identificación de problemas y de las alternativas de solución, la planificación de acciones o diseño del proyecto, la ejecución o gestión del proyecto con el que se busca validar las soluciones propuestas y su evaluación o validación


Etapas del trabajo

1. Búsqueda de información aspectos teóricos y empíricos de educación, educación indígena, saber ambiental, alfabetización, …

2. Análisis de datos

3. Desarrollo del marco teórico-empírico para sustentar la propuesta.

4. Desarrollo del diagnóstico participativo de acuerdo a las características, necesidades y potencial de las mujeres indígenas de amuzgo, Oaxaca y a sus saberes sobre la problemática ambiental.

5. Análisis de los datos arrojados en el diagnóstico y ajuste de éstos con la contribución teórica conceptual y empírica.

6. Diseño de la propuesta del programa de educación ambiental

7. Implementación del programa de educación ambiental.

8. Análisis y reflexión de los resultados.

9. Evaluación de la propuesta y conclusiones.

10. Reajustes al documento con base en la evolución

11. Redacción final del proyecto de investigación.

12. Dar a conocer los resultados


Estoy conciente de que con este trabajo de investigación no voy a demostrar algo que no se sepa hipotéticamente sobre la relación que existe entre el saber tradicional de las comunidades indígenas y el saber ambiental. Lo que si puedo apostar es que no hay investigación alguna que demuestre este supuesto para la comunidad de la Cuadrilla Guadalupe Amuzgo, Oaxaca, Si bien esta propuesta pudiera tener alguna virtud, sería en cuestión de una intervención educativa no formal para las mujeres indígenas, que permita fortalecer la cultura ambiental en esta comunidad, como elemento de transformación y alternativa sustentable de desarrollo.

Bibliografía
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* Pasante de la Maestría en Educación con campo en Educación Ambiental de la UPN095 Azcapotzalco.
[1] Chuecas Cabrera A. Lo cultural y lo político en los procesos de globalización (en línea)
[2] Informe final Proyecto “Mujeres indígenas de Oaxaca” Organización Internacional del trabajo, Instituto Cultural Iberoamericano y Federación de Pueblos Mixtecos (LL-T-A) 1989-1992 Oaxaca México.
[3] Conferencias dictadas por diferentes especialistas como parte del programa del Seminario de Investigación a cargo del Maestro Miguel Ángel Arias Ortega. Maestría en Educación con campo en educación ambiental 2004-2006, en la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 095.
[4] Como nos menciona Nolasco, A.M. (1987) “La mujer indígena” en Mujeres, México Indígena INI México : La participación de la mujer en el desarrollo de México está presente en todo lo que el mundo indígena significa para el país. Sin la colaboración de ella, la agricultura y el peonaje indígena no podría existir. Tiene dos funciones, por un lado es la reproductora y la conservadora de la fuerza de trabajo y por el otro ella misma es la fuerza de trabajo. Ello la hace ser la depositaria de todos los SABERES del mundo indígena; sui participación en el desarrollo del campo mexicano, no puede pasarse por alto.
[5] Entre los resultados del enfoque productivista de la agricultura, se expresan, junto con la generación de variedades mejoradas más rendidoras, también una mayor incidencia de plagas y enfermedades, contaminación del medio, erosión edáfica, genética y cultural. Aunque, las variedades mejoradas de maíz, a 50 años de Revolución Verde, solo se siembran en el 20 por ciento de la superficie destinada a este cultivo, por lo que importa cada vez en mayores volúmenes principalmente de los Estados Unidos (Baldovinos, 2003). Bajo esta visión, no se consideran los desechos y los daños ambientales (Molina, 1997). Las tecnologías generadas en este enfoque, se convierten en mercancías que se venden para intensificar la explotación de los recursos bajo la lógica del costo beneficio (Gómez et al., 1998).

[6] Lo que se ha dado en llamar “conocimiento tradicional” según Boege Eckart en “Protegiendo lo Nuestro”: manual para la gestión ambiental comunitaria y conservación de la biodiversidad de los campesinos indígenas de A.L.” México: INI, PNUMA; CONABIO, SEMARNAT, ONU, Fondo para el desarrollo de los Pueblos indígenas de A. L: 2000 pp.24. El conocimiento tradicional no solo representa los saberes actuales de los pueblos indígenas acerca de la biodiversidad que los rodea, y tampoco los conocimientos sobre cómo cuidarla y cómo utilizarla. Este conocimiento es mucho mas que eso: son saberes que forman parte del manejo de la biodiversidad misma, ya que ésta se transformó a través del tiempo con el manejo que los pueblos indígenas le dieron.
[7] En palabras de Pérez Pino Vilma (2003) el Desarrollo Sustentable se basa en un conjunto de principios que partes de la percepción del mundo como “una sola tierra” con un “futuro común” para la humanidad, orientando una nueva geopolítica fundada en “pensar globalmente y actuar localmente”; establecen el “principio precautorio” para conservar la vida ante la falta certezas del conocimiento científico y el exceso de imperativos tecnológicos y económicos; promueven la responsabilidad colectiva y equidad social, la justicia ambiental y la calidad de vida de generaciones presentes y futuras.
[8] Sebastiao Ají Manchineri (2002:209-216) “Sustentabilidad humana y ética desde el punto de vista de los pueblos indígenas