30 de marzo de 2008

Aunque el cántaro se ha roto, el agua resiste y se rebela: Aproximación a la poesía de Octavio Paz

Armando Meixueiro Hernández*

Y mi pensamiento que galopa y galopa y no avanza, también cae y se levanta
y vuelve a despeñarse en las aguas estancadas del lenguaje.
“¿No hay salida?” Octavio Paz.

El poeta Octavio Paz murió el 19 de abril de 1998. Este año se cumple una década de que su voz terrenal y su presencia fueron silenciadas por el verdugo implacable de la estación violenta. Sin embargo, su obra ha trascendido el tiempo nublado y se erige, eterna, incesante, inmortal, como piedra de sol.

Por desgracia, lo más conocido de Paz no es su poesía, deslumbrante árbol que continúa creciendo adentro, allí, en las entrañas de la frente, las venas y el cuerpo de esta extenuada humanidad. El cántaro se ha roto al borde de la fuente pero el agua resiste y se rebela, alto surtidor que el viento arquea, ola que en un instante se esculpe y en otro se desmorona… pero que avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre:

Me parece que lo más leído, El laberinto de la soledad ha sufrido un desgaste inaceptable al recrearse sólo como un simple tratado psicológico del mexicano y lo mexicano. Deberíamos dejarlo reposar bajo su clara sombra, en tenso aprendizaje de lucero.

¿Y por qué un ensayo como El arco y la lira se ha quedado en los estantes del olvido? Nos hemos perdido de un banquete poético, elaborado con suculentos platillos de oriente y occidente, sazonados con la exacta sal de racionalidad y con la justa pimienta de elocuencia. Poema en prosa que es poesía. Prosa poética que es poema. Algunos bocadillos a continuación:

“El hombre es hombre gracias al lenguaje, gracias a la metáfora original que lo hizo ser otro y lo separó del mundo natural. El hombre es un ser que se ha creado a sí mismo al crear el lenguaje. Por la palabra, el hombre es una metáfora de sí mismo.” (Paz, 1956: 34)

“El poema es lenguaje en tensión: en extremo de ser y en ser hasta el extremo. Extremos de la palabra y palabras extremas, vueltas sobre sus propias entrañas, mostrando el reverso del habla: el silencio y la no-significación.” (Paz, 1956: 111)

“El poeta canta al canto. Mas el canto es comunicación. Al monólogo no puede suceder sino el silencio, o una aventura entre todas desesperada y extrema. La poesía no encarnará ya en la palabra sino en la vida. La palabra poética no consagrará a la historia, sino que será historia, vida.” (Ibid.: 231)

El ensayo El arco y la lira merece mejor fortuna como lo demuestran las perlas anteriores. ¿Y qué decir de otros ensayos comparables a éste? Pienso en algunos como Los hijos del limo (1974), El mono gramático (1974) o La llama doble (1993).

En El mono gramático Paz despliega una reflexión que es una preocupación constante en su obra: la relación entre lenguaje y realidad, entre palabra y pensamiento, entre signo y garabato. ¿Cómo es que el lenguaje puede explicar, describir, comprender lo que percibimos?

“el árbol, no es el nombre árbol, tampoco es una sensación de árbol: es la sensación de una percepción del árbol que se disipa en el momento mismo de la percepción de la sensación de árbol;
“los nombres, ya lo sabemos, están huecos, pero lo que no sabíamos, o si lo sabíamos, lo habíamos olvidado, es que las sensaciones son percepciones de sensaciones que se disipan, sensaciones que se disipan al ser percepciones, pues si no fuesen percepciones ¿cómo sabríamos que son sensaciones?
“sensaciones que no son percepciones no son sensaciones, percepciones que no son nombres ¿qué son?” (Paz, 1974: 50)

Y Paz arremete de nuevo, intentando explicar aquella experiencia de mirar un árbol desde la ventana en un jardín de Cambridge:

“el árbol que digo, no es el árbol que veo, árbol no dice árbol, el árbol está más allá de su nombre, realidad hojosa y leñosa: impenetrable, intocable, realidad más allá de los signos, inmersa en sí misma, plantada en su propia realidad: puedo tocarla pero no puedo decirla, puedo incendiarla pero si la digo la disipo:” (Ibid.: 52)

Con excepcional maestría, Octavio Paz se debate entre la realidad y el lenguaje. Vuelve a despeñarse en la infinita cascada de las letras. Intenta resumir en signos la existencia. Pretende existir en el laberinto de las palabras: búsqueda, batalla y reconciliación.

Paz, explorador del lenguaje, guerrero del pensamiento, no se cansó de escudriñar los rincones más inaccesibles de este continente misterioso que es el habla. Su poesía da testimonio irrevocable de esa imperiosa misión. Tal vez el título que recopila su obra poética de 1934 a 1957 da fe de lo que afirmo: Libertad bajo palabra.

Veamos que nos dice ahí:

“Palabra, voz exacta
y sin embargo equívoca;
oscura y luminosa;
herida y fuente: espejo;
espejo y resplandor,
resplandor y puñal,
vivo puñal amado,
ya no puñal, sí mano suave: fruto.” (Paz, 1960: 31)

Paz estira los términos en el poema de extremo a extremo para darnos un nuevo significado que se congela en fruto. Su búsqueda es incesante porque el lenguaje se transforma en espejo y, entonces, las preguntas se revierten:

Cuando sobre el papel la pluma escribe,
a cualquier hora solitaria,
¿quién la guía?
¿A quién escribe el que escribe por mí,
orilla hecha de labios y de sueño,
quieta colina, golfo,
hombro para olvidar al mundo para siempre? (Ibid.: 66)

Y esta búsqueda, esta cavilación sobre el poeta y el poema, sobre el creador y lo creado, desemboca en majestuosos versos que encontramos en el poema “¿No hay salida?” y en unas coplas admirables de “El río”:

“detenerme, callar, cerrar los ojos hasta que brote de mis párpados una espiga, un surtidor de soles,
y el alfabeto ondule largamente bajo el viento del sueño y la marea crezca en una ola y la ola rompa el dique,
esperar hasta que el papel se cubra de astros y sea el poema un bosque de palabras enlazadas,” (Ibid.: 230 y 232)

El premio Nobel de literatura en 1990 nunca dejó de pensar poéticamente, ni de poetizar el pensamiento. “Piedra de sol” es un monumento al encuentro afortunado entre razón y poesía. Sus reflexiones son joyas invaluables que sorprenden por el modo en que pinta las argumentaciones.

“Piedra de sol” es una exquisita lección circular sobre la existencia humana: el amor, el tiempo, el erotismo, la muerte… Obsesiva búsqueda por entender y desgajar la esencia del hombre que se disipa a cada instante, que se disgrega con nombrarla:

“a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a oscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,
”busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo con el instante, caigo a fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,” (Ibid.: 239 y 240)

“Piedra de sol” es una experiencia poética comparable con Muerte sin fin de José Gorostiza o Altazor de Vicente Huidobro: poema extenso con vocación de filosofía abreviada. Punto en el que un dios inasible se transforma en vaso e inventa la música de la violondrina y del goloncelo.

Y esta incansable melodía, tenaz poesía, tiene el sabor ambiguo de la esperanza y la resignación:

“dime, cántaro roto caído en el polvo, dime,
¿la luz nace frotando hueso contra hueso, hombre contra hombre, hambre contra hambre,
hasta que surja al fin la chispa, el grito, la palabra,
hasta que brote al fin el agua y crezca el árbol de anchas hojas de turquesa?” (Ibid.: 235)

Bibliografía.
PAZ, Octavio. (1956) El arco y la lira. 9ª Reimpr. México, Fondo de Cultura Económica, 1993
- (1960) Libertad bajo palabra. 6ª Reimpr. México, Fondo de Cultura Económica, 1985
- (1974) El mono gramático. Barcelona, Seix Barral (Biblioteca de Bolsillo), 1996
- (1987) Árbol adentro. 3ª reimpr. México, Seix Barral, 1991
- (1991) Obras completas. Tomo I. La casa de la presencia. 2ª ed. México, Fondo de Cultura Económica, 1994
PERALTA, Braulio. (1996) El poeta en su tierra. Diálogos con Octavio Paz. México, Hoja Casa editorial.

* Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN095 Azcapotzalco