30 de marzo de 2008

Octavio Paz. La vida del árbol

José Antonio Forzán·

“... nosotros hemos perdido, sin perderlo, a nuestro Octavio,
porque los poetas no mueren, quedan encantados.”
- Gonzalo Rojas


Dicen que el único libro que olvidó escribir Octavio Paz fue su autobiografía. Es cierto que gran parte de su obra, por no decir toda, tiene tintes de recuerdos que se mueven por el pensamiento del autor, de forma altamente codificada, pero el recuento de sus días está tan atomizado que el lector tiene que hacer un esfuerzo para armar el rompecabezas.

Sin embargo, para consuelo de sus lectores, Octavio Paz ha sido retratado en varias biografías. En su mayoría, dando brillo a la siempre luminosa figura de El Padrino de la Intelectualidad Mexicana del siglo XX. La entrevista a profundidad elaborada por Braulio Peralta y la interesante pero trunca Poeta con paisaje de Guillermo Sheridan, se complementan a bien con la más legible de todas, la escrita por su querida Elena Poniatowska bajo el título de Octavio Paz. Las palabras del árbol. Sobre este último, versará el siguiente artículo.

El libro es un gran homenaje a quien impulsó a Elena Poniatowska en el mundo intelectual. Octavio y Elena, a pesar del problema que tuvieron a principios de los ochenta, han estado unidos en la historia de la literatura mexicana. Él es el gran maestro y ella una gran alumna.
La historia, contada a manera de reportaje y collage, comienza precisamente cuando Poniatowska se ve sorprendida por la poesía de Paz. El árbol la contagia de su ramaje y es atrapada sin escapatoria posible. Este primer contacto a través de la palabra impresa, fue reforzado en múltiples ocasiones por las reuniones que mantuvieron los dos escritores, algunas veces como divertimento, otras tantas como entrevistas realizadas por Poniatowska y otras tantas como cátedras dictadas por Paz.

La escritora de Lilus Kikus recuerda y recopila toda la información fruto de estas reuniones y así navega la vida y el pensamiento del poeta mexicano. Sin hacer un recuento cronológico exhaustivo, Elena presenta a su maestro viéndolo y amándolo, como si fuera el árbol protector.

Octavio Paz Lozano nació en la ciudad de México el 31 de marzo de 1914. A los pocos meses de nacido, su padre se une a las tropas de Emiliano Zapata, por lo que el futuro poeta viaja con su madre a Los Ángeles y permanece allí dos años. Este viaje lo marcó para siempre.
A su regreso a México, vive en casa de su abuelo, rodeado por árboles, libros de historia y de literatura mexicana. Irineo Paz, como se llamaba su abuelo, era un escritor y un periodista liberal quien, a juicio de Miguel Ángel Granados Chapa, combatía los regímenes autoritarios con su pluma en los periódicos Sancho Panza y El Payaso, lo cual dejó una profunda huella en la personalidad y en la obra de su nieto.

Entre 1921 y 1922, Octavio Paz escribe su primer poema. Dos años después, muere su abuelo, el poeta queda sin dirección intelectual hasta que en 1929 conoce a José Bosch, un catalán tres años mayor y que lo involucra en las lecturas de autores liberales.

Al poco tiempo, Paz ingresa en la Escuela Nacional Preparatoria, donde lee a Freud, Eliot, Saint-John Perse, Kafka, Faulkner, Proust, Válery, Borges, Neruda y André Malraux.

“En San Ildefonso -recuerda Paz- no cambié de piel ni de alma: esos años fueron no un cambio, sino el comienzo de algo que todavía no termina, una búsqueda circular y que ha sido un perpetuo recomienzo: encontrar la razón de esas continuas agitaciones que llamamos historia.”
El 2 de agosto de 1931, el mundo conoce la poesía de Octavio Paz a través del poema Caballería, que se imprime junto a su primer ensayo, Ética del artista, en el periódico El Nacional. Ese mismo año, conoce a Efraín Huerta y a Carlos Pellicer, con quienes tendrá una amistad provechosa. También se acerca a la obra de Villaurrutia, Cuesta, Novo y Gorostiza, quienes, según Paz, le “abrieron los ojos” al descubrirle la poesía moderna; su defensa a los contemporáneos le valdrá la crítica de otros miembros de su generación años más tarde.
En 1933 publica Luna silvestre, serie de poemas que reflejan una adolescencia dramática, desdichada. Este poemario le gana una crítica de Rafael Alberti:
“En lo que escribes -le de dice al joven Octavio- hay una búsqueda de lenguaje y por eso, en el fondo, tus poemas son (...) revolucionarios (...). Tú te propones explorar un territorio desconocido -tu propia intimidad y no pasearte por parajes públicos en donde no hay nada que descubrir.”
Tres años después, el 8 de marzo de 1936, muere su padre en una estación de ferrocarril en Los Reyes, La Paz, en condiciones obscuras y dolorosas para el joven. Octavio abandona sus estudios universitarios (en las facultades de Derecho y de Filosofía y Letras de la UNAM) así como la casa familiar. Fue su primera salida. Recuerda Paz:
“Aunque terminé mi educación universitaria, me rehusé a presentar la tesis. Me negué a convertirme en abogado. Yo sólo quería ser poeta y, aunque parezca extraño, poeta revolucionario.”
En 1937, tras varias disputas que merecerían un recuento dramático y telenovelesco, se casa con Elena Garro. Poniatowska afirma que Paz platicaba más con su suegro que con su novia, aunque Sheridan no le confiere crédito a dicha idea. Ese mismo año aparece el libro Raíz del hombre, y Paz es adoptado por el grupo de los Contemporáneos apadrinado por Xavier Villaurrutia y Jorge Cuesta, además de que se ve obligado a viajar a Mérida, Yucatán, para fundar una escuela secundaria para hijos de trabajadores.
Asimismo, es invitado al Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en España y Francia (Elena Poniatowska narra este hecho con mayor profundidad en Finísima, mientras que Sheridan dará cuenta de las disputas entre miembros de la izquierda en dichos momentos). Durante la Guerra Civil Española, Octavio Paz y Elena Garro permanecen en Madrid, donde publica Perfil del hombre y No pasarán y donde conoce a André Malraux, Luis Cernuda y Juan Gil-Albert.
“Mis impresiones más profundas y duraderas de aquel verano de 1937 -afirma Paz- no nacieron del trato con los escritores. Me conmovió el encuentro con España y con su pueblo: ver con mis ojos y tocar con mis manos el mundo que desde mi niñez conocía por mis lecturas y por los relatos de mis abuelos; trabar amistad con los poetas españoles y ante todo, el trato con soldados, campesinos, obreros, maestros.”
Cuando regresa a México, realiza diversos trabajos de propaganda en favor de la República Española y participa en la fundación del periódico El Popular, órgano de la izquierda mexicana. Sale de esa publicación porque le piden que escriba que Trotski apoya a los nazis. Paz se niega, pues ya conoce las atrocidades soviéticas y se distancia de los comunistas a la mexicana. Sin dinero, se ve obligado a trabajar como contador de billetes viejos en el Banco de México.
Dos años después, llegan a México los republicanos españoles desterrados y Paz invita a Juan Gil-Albert, Ramón Gaya, Antonio Sánchez, Bartudo Lorenzo Varela, José Herrera Petere y Juan Rejano. Ese año Paz recibe también una grata sorpresa: nace su única hija Laura Elena, a quien apoda “La Chata” y con quien pasa momentos tiernos entre los juegos, el circo y la educación intelectual.
Las diferencias con Pablo Neruda resaltaron en 1940 cuando el chileno se niega aparecer en una antología de poesía moderna porque difería estilística y políticamente con Paz y no simpatizaba con sus amigos.
La vida de Octavio Paz continúa. Al recibir la beca Gughenjeim en 1943, realiza otro viaje que lo redefine.
“Vivir en los Estados Unidos durante la guerra fue tonificante. Tiré la política y sus debates al cesto y me sumergí en la poesía. No conocía a nadie. Cuando terminó la beca me encontré sin dinero y cerca de la miseria. Pero era feliz. Fue uno de los periodos más felices de mi vida.”
Así, sin liquidez en la bolsa, se emplea como profesor y como doble de películas en San Francisco, donde vivió en el sótano de un hotel.
Su estilística da un giro en 1945 cuando se topa con Robert Frost en Nueva York y se encuentra con el existencialismo de Albert Camus. En París, sirviendo como diplomático, se adentra en el surrealismo de André Bretón y cultiva la amistad de Bioy Casares, Julio Cortázar y Roberto Malta.
Entre 1949 y 1950, escribe ¿Águila o sol?, Libertad bajo palabra (que reúne su poseía de 1935 a 1938) y El laberinto de la soledad, libro considerado como una pieza maestra del pensamiento mundial y que Paz después echará por tierra.
Continuando sus viajes diplomáticos, en 1952 visita el oriente por primera vez y escribe Mutra, impactado por las ciudades hindúes. Un año después, cuando regresa a México, se encuentra con una nueva sorpresa: en la ciudad hay una nueva generación de escritores encabezados por Juan Rulfo, Carlos Fuentes José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis y la propia Elena Poniatowska.
El grupo de jóvenes pertenecientes al Boom Latinoamericano, tienen a Paz como maestro, guía y sombra para las reuniones. Bajo la creencia de que un poema no leído es sólo medio poema, funda junto con Leonora Carrington, Juan Soriano y Juan José Arreola el grupo Poesía en Voz Alta y colabora en la Revista Mexicana de Literatura.
Su obra poética más importante, Piedra del Sol, la realiza entre 1956 y 1957. Es un poema extenso y maravilloso, cuyos 584 versos emulan al ciclo de Venus y están basados en el calendario azteca, cargados de erotismo, magia y riqueza de lenguaje. En la vida familiar, se divorcia de Elena Garro, a quien Octavio Paz había impulsado dentro del mundo literario para que escribiera sus maravillosos cuentos y su incomparable Recuerdos del porvenir; algunos dejos de su matrimonio se encuentran en Mi vida con la ola.
Paz viaja a París en 1959, donde se reencuentra con los surrealistas, además de conocer a su llama complementaria, Marie-Jo. El día que la conoce, según el propio Paz, es el más importante de su vida. El amor lo hace prisionero y así, envuelto por la mirada de la francesa, es nombrado Embajador de México en la India en 1962. Su estadía en el oriente lo marca de manera clara.
“La India nos enseñó a Marie-Jo y a mí -dice Paz-, la existencia de una civilización distinta a la nuestra. Y aprendimos no sólo a respetarla, sino a amarla. Aprendimos sobre todo a callarnos.”
Mientras vive en el oriente, publica Salamandra, Puertas al campo, Blanco (poesía sinfónica) y Corriente Alterna, además de que ingresa al Colegio Nacional. Sin embargo, en 1968, Paz renuncia a su cargo diplomático debido a la matanza del 2 de octubre. Un año más tarde, aparece la segunda parte de El laberinto...: Posdata. (Hasta aquí queda la entrega de Guillermo Sheridan, por desgracia.)
Entre sus protestas y propuestas, en 1971 funda la revista Plural que aparece en las páginas del periódico Excélsior de Julio Scherer, marcando así un antes y un después en la cultura mexicana. Debido al golpe contra Excélsior, el poeta abandona el periódico en un acto de solidaridad.
Para continuar la labor editorial que comenzó en Plural, Octavio Paz funda la revista Vuelta. De entre sus múltiples y ricas páginas, un artículo firmado por Enrique Krauze, provoca un conflicto entre Paz y Carlos Fuentes que nunca se pudo resolver.
Un año más tarde, Octavio Paz recibe el Premio Nacional de Literatura y polemiza con Carlos Monsiváis sobre la naturaleza del llamado socialismo real y la crítica del régimen de Fidel Castro. Para Poniatowska, Monsiváis ha sido el único que ha logrado debatir con Paz de manera enriquecedora para el pensamiento universal. Fue el debate entre las “ocurrencias” y las “ideas”.
Octavio Paz es condecorado en 1981 con el Premio Cervantes de Literatura y un año después ve la luz el libro Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. El texto resulta fundamental para el estudio de la literatura, la mística y la historia mexicana.
Las críticas que Paz realiza contra los sistemas totalitarios y socialistas, provocan que en 1984 se queme en el Paseo de la Reforma la efigie del poeta. Sin lugar a dudas, Octavio Paz ha sido víctima y provocador de un sin fin de ataques, tanto por sus ideas como por sus apariciones en Televisa. Muchos han sido sus detractores y también sus reconocimientos, sin embargo, la obra del poeta redime cualquier maltrato al hígado.
Es así como en 1990 Octavio Paz recibe el Premio Nobel de Literatura, evento que se ve obscurecido por el distanciamiento del escritor Mario Vargas Llosa.
Un año después, Paz es condecorado con el Premio Príncipe de Asturias. Por su parte, el Fondo de Cultura Económica celebra el 80 aniversario del poeta publicando sus Obras Completas en 12 tomos. Mientras el mundo lo celebra, Paz escribe Itinerario, La llama doble, Vislumbres de la India y Un más allá erótico, además de reeditar su poema Blanco.
En 1996, se celebran los 20 años de la revista Vuelta, pero Octavio Paz no ríe por mucho tiempo ya que gran parte de su departamento y de su biblioteca son consumadas debido a un incendio provocado por un corto circuito. Octavio Paz, enfermo, vive entre hospitales y hoteles.
Para despertarle una pequeña sonrisa, se anuncia la creación de una Cátedra Extraordinaria en su honor dentro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. A finales de 1997, el presidente Zedillo establece la Fundación Octavio Paz en Coyoacán (misma que será desmembrada por la personalidad de su viuda y los intereses del patronato que fundarán posteriormente la Fundación para las Letras Mexicanas). Durante la inauguración aparece el poeta ya muy delicado de salud, pero lúcido mentalmente. Mientras los regalos y los homenajes mundiales llegan a sus pies, Octavio descubre su simpatía por la caricatura de Los Simpsons.
Así, con una monumental obra, ganador de todos los premios posibles para un poeta y ensayista de habla hispana, Octavio Paz muere el 19 de abril de 1998 en la casa que lo albergó los últimos días, ubicada en la calle de Francisco Sosa 383, Coyoacán.

A diez años de la muerte del poeta, ensayista, dramaturgo, crítico, cacique, luchador y otras tantos apelativos que le pueden otorgar, Octavio Paz sigue vibrando en el corazón de los lectores. Un concurso nacional organizado por la Universidad Anáhuac México Norte, le brinda homenaje todos los años. También un poeta, como Gonzalo Rojas o José Emilio Pacheco, se llevan sendas sumas monetarias por ser considerados como sus herederos. Sus libros, mal que bien, se siguen leyendo en preparatorias, licenciaturas y posgrados. Sus traducciones están en todo el planeta; el mundo rumano, como simple objeto, le otorga prioridad a sus escritos. Su nombre es marca y consigna, tradición y ruptura.
Octavio Paz sigue siendo el árbol de letras a cuya sombra aún nos amparamos.

· Coordinador del Concurso Nacional de Expresión Oral y Escrita “Octavio Paz”. Universidad Anáhuac México Norte.