1 de julio de 2008

Una luz que devuelva el color (Relato)

Sandra Araceli Romaní Osorio*

Laura se mira al espejo buscándose, pero no se encuentra. Aquella sonrisa inocente, sincera, alegre, despreocupada ha cambiado por una rara expresión de duda, tristeza, melancolía. Aquel cuerpo tan conocido se ha ido, dejando en su lugar a un ser extraño, con mayores proporciones que la llena de sorpresas día con día: olores nuevos, secreciones desconocidas, sensaciones infinitamente confusas e intensas. Sabe que, al salir de su cuarto, este nuevo cuerpo provocará miradas que juzgan, que critican, que dañan, que incomodan.

¿Por qué soy tan distinta? Se pregunta mientras camina hacia la escuela acompañada sólo por sus pensamientos. Piensa, además, en la grave enfermedad de su madre, los quehaceres de la casa, sus hermanos menores, la ausencia de su padre, la falta de dinero, las amigas que no tiene, en el recuerdo de aquel día que pintó su vida de gris.

Se encuentra sumida en sí misma, no se da cuenta que su uniforme está sucio, su cabello enmarañado y lleno de pequeños animales huéspedes de su cabeza, esos que sólo se encuentran en ambientes de suciedad, de un inmenso descuido.

Al llegar, observa, busca una mirada de aceptación o una sonrisa de agrado pero no la encuentra. Entra al salón sola porque a pesar de tener 49 compañeros no tiene ningún amigo. Ocupa su banca número 24, está alejada de las demás porque nadie se quiere acercar, su cuerpo despide intensos olores que no se toleran.

- ¡Buenos días, chicos! – Saluda la maestra- hoy continuamos con las actividades del club de lectores, vamos ver – se dirige a su escritorio y consulta su lista- le toca contarnos el libro que esta leyendo al número 24, Laura Oviedo, te escuchamos.

Se levanta, camina con paso lento hasta llegar al frente, con voz titubeante y muy baja comienza su relato:
-Buenos días maestra y compañeros, el libro que quiero compartir con ustedes se llama La niña del canal, es una historia triste como la mía, cuando la leí sentí ganas de llorar… me siento tan triste como esa niña porque me pasó lo mismo que a ella… y eso es todo…

Sus ojos se inundaron, lentamente regresó a su lugar entre gestos de expectación, burla, desagrado, rechazo… Nadie se interesó en preguntar algo sobre su libro, minutos después la clase siguió con el comentario del número 25 Karina Patiño la niña popular, inteligente, agraciada, aceptada del salón, dejando rápidamente en el olvido la explicación de Laura.

Aquella historia que nadie quiso escuchar, explica el comportamiento de Laura, la niña del canal fue abusada sexualmente por su maestro de pintura, ella por el hermano de su madre. Día tras día camina por la vida con un inmenso dolor que a sus trece años le resulta más grande que ella misma. No tiene tiempo para pensar en otra cosa, el agresor vive en la misma casa, de hecho la mantiene, las agresiones son constantes, ante esto qué puede importar el olor desagradable que despide su cuerpo si el olor de la desgracia lo rebasa; que importa el dolor de la picazón de su cabeza si el dolor del alma se impone…

Vive condenada a la pobreza, a la soledad, al rechazo, a la resignación. Tiene una mirada triste y profunda que todos los días busca en el espejo una luz que le devuelva el color a su vida...

* Exalumna del Diplomado en Enseñanza del Alumno Adolescente de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN-095 Azcapotzalco.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

un relato que refleja una triste verdad,con un enfasis y exaltacion.

la escritora denota que ve y siente la tristeza del personaje.

exelente redaccion, que bueno que todavia hay gente con talento y sensibilidad.

FELICIDADES

draculebrio dijo...

Este relato es una viva verdad del interes que tenemos en la apariencia exterior mas que en el sentir de las
Personas en si

Excelente relato

Felicidades Chaparrita Preciosa