1 de julio de 2008

Dos cuentos cortos de paternidad

Fidel Silva Flores*


Aprendí a no dejar de mirar hacia el futuro. Todavía hay muchos
buenos libros por leer, puestas de sol que ver, amigos que visitar
y viejos perros con quienes pasear.

edad: 86 años
H. Jackson Brown Jr.


El alumno.
Me lo dijo directo y sin contemplaciones: - tienes un hijo fuera de tu matrimonio y se encuentra estudiando en la secundaria 108, en el turno matutino; es totalmente parecido a ti como considero fuiste en tu infancia-; mi compañera de trabajo había observado una foto personal cuando era pequeño y me preparaba para lo inevitable, asumir la postura de padre como corresponde a un hombre de ley y reconocerle todos sus derechos. Como enseguida empezó a reír de manera desenfadada me tranquilicé, era una broma.
Cierto día luminoso nos encontramos con la H. inspectora en la escuela citada y la reunión de trabajo académico se prolongó mas allá del tiempo estimado; iniciamos a las 8.00 horas y terminamos a las 11 en punto. Por ello salimos al patio en donde los alumnos de secundaria tomaban su refrigerio. Cuando caminábamos a nuestros vehículos el profesor Neri me dijo, mira ese alumno y cómo te observa detenidamente; al voltear observé a un niño como de trece años, asombrado me di cuenta, era yo con aspecto de alumno. Me sobresalté, no era posible observar el pasado de esa forma tan directa; me froté los ojos para dejar de verlo, pero allí seguía. Apoyado por sus compañeros, el alumno seguía con su insistente mirada, se encontraban un gran parecido con ese extraño profesor de otra escuela; me acerqué, lo saludé de mano y nos observamos de manera decidida; nos interrogamos y obtuvimos conclusiones; procedían de un pueblo de Aguascalientes y hacía unos días habían arribado a la ciudad de México; sus padres y hermanos vivieron y vivían juntos mucho tiempo atrás y era imposible, después de muchas otras preguntas, que existiera un parentesco entre nosotros. Nací en el estado de Durango y para nada mis padres o yo nos habíamos acercado a la ciudad referida; nos despedimos con pesar. Entre nosotros existía cierta identificación que la distancia, en lo que a mi concierne, no ha podido separar. Ignoro que ha sido de él, nunca mas nos volvimos a reunir, siguió su camino y yo el mío. Tal vez me hubiera gustado fuera mi hijo y ayudarle a crecer en su futuro; posiblemente hubiera afectado a mi familia de manera extrema, pero de una cosa estoy seguro, si me hubieran o hubiera comprobado genéticamente mi vinculación con él no lo habría descuidado; un hijo es parte de uno y no es posible descuidar su espacio y su tiempo. La profesora Zetina tenía razón cuando me comunicó del parecido. No era broma, era una realidad. A veces, en sueños, pienso en la reencarnación, me observo como fui y como tendría la oportunidad de enmendar errores, de reanudar caminos perdidos, de corregir entuertos; tal vez no podría cambiar nada de lo mucho de lo negativo que tiene mi vida, pero quien lo sabe.
Posiblemente si lees este trabajo, consideres prudente establecer un contacto conmigo; la vida es mas fácil si contamos con buenos amigos. Mi otro yo, si puedes y lo deseas, comunícate conmigo, en la secundaria 108 existen personas que te ayudarían a encontrarme, es bueno observar como vivimos nuestras vidas y tal vez juguemos al mago del pasado y del futuro, no es fácil hacerlo pero existen oportunidades . La vida para mí es mucho mas corta que la tuya y tal vez aprendas a manejar la tuya con mayor eficiencia si observas los errores de mi vivir. Hasta pronto.

Una confusión.
Las manos se movían con velocidad a través de la ropa. Las prendas eran analizadas con fría displicencia, unas eran escogidas con singular prudencia, otras lanzadas con el desprecio acostumbrado y las pocas, guardadas como tesoros vivientes por sus afortunadas poseedoras. En fin era la barata de fin de temporada y las damas mostraban su encanto y singular fortaleza al expresar en voz alta comentarios como los siguientes:- querida esa blusa hace juego con este pantalón, ya observaste la talla extrachica en donde no puedes entrar; por favor pásamela para así completar mi delgado atuendo-; la interlocutora al mismo tiempo le respondía - te permito esta prenda siempre y cuando me regreses el chaleco amarillo con vivos rojos que casi me arrebataste de las manos; te hace ver mas anciana y enana, y en mi caso complementa mi color dorado -. En fin la negociación se observa de manera contundente en estos lugares de tiendas comerciales de autoservicio que venden ropa de marca a precios de joyas al menudeo. Aun no entiendo como un pedazo de tela llegue a precios tan altos por ostentar la firma de un conocido diseñador.
Recuperé compostura al andar y recordé a mi familia buscando también sus complementos. Al buscarla no la encontré, se mueven de manera tan rápida en estos sitios que no deja de asombrarme su velocidad, están donde tienen que estar para buscar el mejor vestuario en el mejor surtido. En ese preciso momento me encontraba cuando se formó un buen espacio en mi entorno, la mecánica de fluidos existe ; alegre me encontraba por ese respiro momentáneo de caras ajetreadas cuando de pronto apareció la niña pequeña de no se donde; se fue derecho a mi persona y al grito de papá no te encontraba, se abrazó en mis piernas desesperada; presa del pánico busqué a su familia, al no encontrarla lo único que alcance a decir bajando la mirada, fue ¿hija y tú quién eres? La niña de inmediato volteó su cara sorprendida a mi preocupada fisonomía y me dijo afirmando, al necio que la interrogaba, papá no te encontraba, te escondiste, y a continuación volvió a envolverme las piernas con sus fuertes brazos. No supe qué hacer y lo único que recuerdo es: y ahora como le explico a mi esposa e hijos la reciente adquisición. En esas cavilaciones me encontraba cuando aparece una mujer bonita de no malos bigotes y asustada le dice en voz alta: - no es tu papá regresa a mi lado- , la niña voltea a verme, ve a su madre y no sabe qué hacer. Aprovechando su confusión la empujo suavemente y la encamino con su mamá, la niña duda un momento y se va lentamente, volteando su cara confundida para ver mi reacción: angustiado por esa aventura, me preocupé; de pronto tengo en mis piernas a una criatura bonita y en menos que canta un gallo la pierdo. Pero así es la vida y hay que resignarse a encontrar y perder la felicidad tan rápido; la señora no dejaba de verme sorprendida del posible parecido con su marido. Ambas se alejaron lentamente caminado hacia atrás con precaución y observándonos con mutua atención. Nos perdimos de vista al poco rato y a partir de ese momento volví a escuchar las voces airadas y a observar que el mundo existe en colores brillantes. Mi esposa apareció al poco tiempo al igual que mis hijos quienes me interrogaron del por qué me pierdo tan rápido.
Ahora, si no fué una mala apuesta de alguien, tengo a un doble cerca de mi entorno.

* Asesor de la Universidad Pedagógica Nacional. Unidad UPN-095 Azcapotzalco.